martes, 24 de octubre de 2017

Comentario de Alto jornal, de Claudio Rodríguez

Mis agradecimientos a Beatriz Fernández, quien me enseñó cómo analizar este poema.


Dichoso el que un buen día sale humilde
y se va por la calle, como tantos
días más de su vida, y no lo espera
y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
y ve, pone el oído al mundo y oye,                  5
anda, y siente subirle entre los pasos
el amor de la tierra, y sigue, y abre
su taller verdadero, y en sus manos
brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
de corazón porque ama, y va al trabajo 10
temblando como un niño que comulga
mas sin caber en el pellejo, y cuando
se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
que ha sido todo, ya el jornal ganado,
vuelve a su casa alegre y siente que alguien 15
empuña su aldabón, y no es en vano.


Introducción


El siguiente trabajo no es un comentario formal, sino una serie de pautas para guiarnos durante el análisis, a medida que lo realizamos también, a un nivel de profundidad medio.
Al encontrarnos ante este texto, si no sabemos el autor, lo que sí podemos adivinar sin dificultad es que es del siglo XX. Hay algo que llama inmediatamente la atención: “taller verdadero”. Ese sustantivo y ese adjetivo nunca van juntos en condiciones normales. Es lo que se llama una asociación no automática. Una asociación automática sería la que viene sola, como “cumpleaños feliz”. Este “taller verdadero” es la primera pista de que nos están hablando de algo “raro”.

¿Qué épocas tenemos en el siglo XX, en las que podría situarse el poema? A continuación las iremos enumerando y citando algunas características distintivas básicas.

1) Generación del 27: presencia de imágenes, como la vaca de ubres amarillas de Dámaso Alonso, y de ricas metáforas, como Lorca. Se combina vanguardia y tradición.

2) Generación del 36: Miguel Hernández y “poesía de guerra”.

3) Años 40: entraría la poesía arraigada y la desarraigada. En estas poesías se ve más claramente el tema que en otras. El grupo de Rosales y los garcilasistas estarían entre los arraigados; Hijos de la ira y los espadañistas entre los desarraigados.

4) Años 50: poesía social, con Gabriel Celaya y Blas de Otero. Blas de Otero trata fundamentalmente esta temática social, pero con un estilo más o menos fácil. Sostenía que la poesía “tiene que ser comunicación”.

5) Años 60, aunque en esta década publicaría la llamada “generación de los 50”: Ángel González, José Hierro, José Agustín Goytisolo, Francisco Brines, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma… Se pasa del “nosotros” al “yo”. Hay un problema social, pero hablo desde el yo. Cada uno habla desde su experiencia.
Ángel González usa su propia autobiografía, avanzando hacia la poesía de la experiencia. Como crítico musical, a veces introducía datos sobre música en sus poemas. Se reía de todo: de la guerra, de sí mismo…
José Hierro recuerda más a la poesía social, también desde el yo.
Gil de Biedma juega con las personas gramaticales, con autorreferencias. Presencia del hampa y de lo oscuro, de bajos fondos y prostitutas. Gran peso de la amargura, es una poesía triste. Pertenecía a la burguesía catalana, de ahí que se ambiente en Barcelona.
Brines es más intelectual y no alude a la religión.
Valente, también intelectual, tiene un punto de religioso.

6) Años 70: los novísimos. Tienen un lado intelectual y un lado lúdico. El más difícil de comentar suele ser Leopoldo María Panero, el hijo de Leopoldo Panero.

7) Años 80: poesía de la experiencia, representada por Luis García Montero. La condición fundamental era la fusión del yo personal en la experiencia colectiva. Estos poetas se apoyaron en la poesía de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma tratando de darle una vuelta a la poesía del modernismo.


Por tanto, la línea evolutiva de la poesía de la experiencia es:

Luis Cernuda (generación del 27) ----> Gil de Biedma ----> generación de García Montero

En cuanto al poeta que tratamos, Claudio Rodríguez, perteneciente a la generación de los 50 (que realmente marcó los años 60), tiene las siguientes características:

- Poética de la luz, remitiendo a El Contemplado, de Pedro Salinas.
- Sacralización de lo cotidiano. Tiene un punto de realismo, pero metaforizado. Hay dos niveles de lectura: la realidad cotidiana visible y la metáfora que representa.
- Uso del símbolo.

Si nos piden en el comentario el contexto literario de la época, habría que hablar de la narrativa social: Cela, Delibes y los niños de la guerra, como Ana María Matute, Ignacio Aldecoa, etc. Hay una narrativa de “entre épocas”, donde destaca Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín Santos. En el teatro, tienen su auge Buero Vallejo y Alfonso Sastre, con el teatro social. En cuanto al contexto histórico, hay que mencionar la censura.


Claudio Rodríguez. Fuente: http://www.xn--espaaescultura-tnb.es/es/artistas_creadores/claudio_rodriguez.html 


Análisis formal


Es un texto literario, cuya forma de elocución o modo de discurso es narrativa-descriptiva. Las funciones lingüísticas predominantes son la poética o estética, en primera instancia, y en menor medida la apelativa o conativa, al instar al receptor a seguir la idea que se presenta.


Tema


Para delimitar el tema, vamos a prestar atención a unas palabras muy llamativas del poema.
“Dichoso” (v. 1), con el que se abre el poema, con resonancias gigantescas en la tradición. Es el tópico beatus ille, “dichoso aquél”… Remite a Fray Luis, con su poesía ascética, del siglo XVI, que a su vez se inspiró en Horacio. Esta clave interpretativa ya nos va a guiar en el resto del poema, porque ya vislumbramos algo de religioso.
“Humilde” (v. 1) es una virtud cristiana, lo cual va acorde con el “dichoso”.
“…y no lo espera” (v. 3): el propio sujeto poético se pregunta qué pasa. También tiene que ver con estar sujeto a los designios de algo superior.
“Alto” (v. 4): remite a la metáfora de la ascensión, de los místicos, como en el Ciprés de Silos de Gerardo Diego, que era un escritor muy clasicista y tradicional. Hay, por tanto, reminiscencias a la tradición mística.
Entonces se puede inferir que el poema encierra la teoría mística cristiana, que consta de tres fases (copio de Wikipedia):

Vía purgativa


La vía purgativa consiste en la purgación de la memoria, entendida como potencia del alma, para limpiarla de los apegos sensitivos que provienen del cuerpo. En palabras de San Juan de la Cruz:
Hay que perder el gusto por el apetito de las cosas.
El apetito como tal no tiene por qué ser malo pero sí lo es el apego o gusto que provoca en la memoria, porque la impide orientarse plenamente hacia Dios. La privación corporal y la oración son los principales medios purgativos. El estado en que se sume la memoria se llama esperanza.

Vía iluminativa


La vía iluminativa consiste en la elevación del entendimiento hacia Dios, entendido como potencia del alma. Una vez limpio el entendimiento de toda relación con las criaturas queda vacío para entregarse a la sabiduría oscura o sabiduría secreta que se sabe sin necesidad de entender, experiencia que en la mística se llama Fe.

Vía unitiva


La vía unitiva consiste en la purificación de la voluntad, entendida como potencia del alma. En ella el alma alcanza el grado más perfecto de la unión con Dios, ya que ha vaciado su propia voluntad, lo más suyo para entregarla a Dios. Es el grado más perfecto de la caridad.

El tema sería, entonces, algo como “salvación (o redención) a través del trabajo”.

Estructura


En el poema encontramos el paralelismo siguiente con las fases de la mística:

Vía purgativa: versos 1 a 4 (hasta la pregunta “¿qué es esto?”). Limpieza de pecados, reconocerse humilde y hacer lo que uno tiene que hacer. “Como tantos días más de su vida” tiene que ver con esa eliminación del apego sensitivo, porque todos los días son iguales.

Vía iluminativa: de “mira a lo alto”, v. 4, hasta “sin caber en el pellejo”, v. 12. Se siente dichoso del trabajo que hace, porque sabe que es lo que debe hacer. Ese saber le da el conocimiento o entendimiento de lo divino que trata la vía iluminativa. Se emociona por ello, porque es así como ama a través de su oficio, que “nos entrega de corazón”. La imagen de “un niño que comulga” es otra imagen claramente religiosa. Al comulgar, además, se levanta la cabeza: otro campo semántico de la ascensión. Hay un elemento disonante pero que produce cercanía, de la lengua hablada, que es “sin caber en el pellejo”. Es un elemento discursivo del habla coloquial, recordándonos que “tenemos los pies en la tierra” a la vez que ascendemos.

Vía unitiva: desde la conjunción “y” del v. 12 hasta el final. “Vuelve a casa alegre” porque ya se ha vaciado de su voluntad, entregado a algo mayor, que en la mística es Dios. Por eso todo “no es en vano”, que es otra expresión propia de la religión.

Puede haber una lectura más allá del trabajo físico que tenga que ver con un “taller” y tratarse del esfuerzo que hace el poeta, con su proceso creativo y sensitivo durante su trabajo de elaboración del poema. Es una experiencia muy difícil de transmitir, incluso patrimonio de pocas personas.

Este tipo de poesía, por tanto, es referente a lo inefable, a lo difícilmente comunicable. Es una poesía para minorías, más que nunca: cómo es posible comunicar una experiencia que ha vivido tan poca gente. No es de extrañar que tenga que apoyarse en la religión y sacralizar el trabajo.


Comentario pragmático


Tenemos un narrador-observador que parece omnisciente, pero tiene un punto de subjetividad, debido a la adjetivación y la valoración de las emociones y acciones del sujeto. 
Como es propio de la poesía, está fuera del espacio y del tiempo. Predomina la función poética, a la que se añade algo de función apelativa, como un “aviso a caminantes”. El pronombre “nos” implica que eso es “para nosotros”.
Pertenece al género lírico, por la subjetividad y la emocionalidad del emisor. En cuanto al receptor, el poema no está destinado a la mayoría.


Análisis por niveles lingüísticos


1) Nivel fónico


Los versos son de arte mayor, endecasílabos, medida que responde a una larguísima tradición. Desde el Renacimiento, importado de Italia, llega hasta el final de nuestra literatura: José Hierro, Benjamín Prado, García Montero…, pasando, por supuesto, por la generación del 27.
La forma es la de un romance (rima asonante en los pares) en endecasílabos heroicos (acento en la 6ª y en la 10ª sílabas), con cierto ritmo. (Sin querer pasar aún al nivel semántico, hay que preguntarse por qué esta forma estrófica, ya que el romance es fundamentalmente narrativo, mientras que el poema encierra una reflexión. En su superficie realmente está narrando, porque una persona sale y va al trabajo, a medida que piensa y siente.)
La figura más relevante es el encabalgamiento, un poco forzado: v. 12, “y cuando / se ha dado cuenta…”. La idea no ocupa todo el verso siguiente. El motivo por el que el poeta usa así el encabalgamiento es para jugar con el ritmo.

2) Nivel morfosintáctico


Hay una combinación entre estilo verbal y estilo nominal. Gran abundancia de verbos, aunque llama la atención el poco dinamismo de los tiempos verbales, al estar prácticamente todo en presente simple, con valor atemporal. Este presente atemporal no llega a ser un presente gnómico, que sería solamente para sentencias y refranes.
Los sustantivos y los adjetivos son muy abstractos. Cuando son concretos, son un poco extraños. Algunos sustantivos en esta línea serían “vida”, “mundo”, “amor”, “oficio”… Y adjetivos, no tan abundantes: “humilde”, “alto”, “verdadero”, “limpio”, “sencillo”.
En el título ya encontramos el adjetivo “alto”, que con “jornal” alude a una recompensa. Repetimos que todos ellos remiten a las virtudes religiosas. Aparecen tanto postpuestos como antepuestos.
La modalidad oracional es enunciativa. La interrogativa es muy importante porque pasa, por sorpresa, de la vía purgativa a la iluminativa. Estructura el texto.
La sintaxis es compleja. Exceptuando la pregunta insertada a modo de yuxtaposición, todo el texto es una sola oración compuesta. Hay numerosos conectores y nexos, con presencia de subordinadas adverbiales, que expresan relaciones lógicas de causa y efecto. 
Para hablar de cosas muy complejas, hacen falta oraciones muy subordinantes. Pero, a veces, cuando se trata de una idea tan compleja, se usan sustantivos. Esto suele ocurrir en la poesía de José Hierro.
Hay una insistente repetición de la conjunción copulativa “y”, en polisíndeton, para controlar el ritmo y para alentar las ganas de continuar leyendo, ver qué está pasando. Genera intriga, expectación.

3) Nivel semántico


En la primera parte hay verbos de movimiento, que no es tan físico, sino que es un proceso mental. Va, sale, anda, sigue. En mística, llegar a Dios es un “camino”, donde se llega con ese “darse cuenta” (v. 13).
El poema es también muy sensual, retomando así el Modernismo, en cuanto al uso del vocabulario de los sentidos. Y antes del Modernismo, remitiría al Romanticismo. Véanse: “mira” (v. 4), “pone el oído”, “oye” (v. 5), “siente” (v. 6). Esta sensualidad existía ya en la poesía mística y en el Cantar de los Cantares.
También consta en el poema vocabulario de la extensión: elevarse, comulgar (levantar la cabeza).
Se vertebra en torno al eje semántico de las virtudes religiosas, fundamentalmente el trabajo, el “ora et labora”. Así aparecen “oficio”, “taller verdadero”. Conlleva la idea de entrega, a través del trabajo y, al hacerlo, no será “en vano” (v. 16).
“No cabe en el pellejo”, con el sentido de ‘no cabe en sí de gozo’, amplifica la sensación de estar haciendo lo correcto, de estar salvándose. Llama la atención el estilo coloquial de la frase en contraste con el tono solemne del resto del poema, lo cual sería relevante en cuanto al comentario pragmático.
Presencia de metáforas: el aldabón, del verso 16, y el taller verdadero, verso 8. El aldabón es una metáfora difícil porque parece tener como referente algo místico, como pudieran ser las “puertas del alma”, con lo cual nos podemos preguntar quién está llamando. El taller verdadero también es una metáfora muy compleja, en la que cae todo el peso del poema, ya que puede ser un lugar de trabajo ordinario, atribuyéndole connotaciones sagradas, o bien se refiere a un trabajo interior, puesto que el misticismo suele tratar términos también de trabajo y construcción, donde cada uno debe construir su “gran obra”. El “taller verdadero” sería ese estado de ánimo y de mente para llevar a cabo el trabajo interior para salvarse a sí mismo. Si es poeta, como es probable, sería el estado de inspiración y concentración para elaborar la obra poética.

Intertextualidad


Relación que tiene el texto con otros textos, contemporáneos o anteriores. La temática religiosa conecta con la ascética y la mística. “Dichoso el que un día sale”, ¿y si fuera el alma? Tendría sentido aquí la “Noche oscura del alma” de San Juan de la Cruz.
En la forma, no tanto en el contenido, también tendría cabida un fragmento de la Comedieta de Ponça del Marqués de Santillana: 

»¡Benditos aquellos que con el azada
sustentan su vida e viven contentos,
e, de cuando en cuando conocen morada
e sufren pascientes las lluvias e vientos!
Ca estos non temen los sus movimientos, 125
nin saben las cosas del tiempo pasado,
nin de las presentes se facen cuidado,
nin las venideras do han nascimientos.

En el caso del Marqués, la intencionalidad del poema es convencer a la gente que está en una posición social baja de que así están a salvo de riesgos, de las peligrosas vueltas de la Fortuna. El caso de Claudio Rodríguez es diferente.

Aplicaciones didácticas


El texto, por su dificultad, sería únicamente adecuado para 2º de bachillerato, donde se estudia la poesía del siglo XX. 
Sin desarrollarla aquí, habría que seguir el protocolo de toda actividad didáctica:

- Objetivos
- Contenidos
- Actividad
- Temporalización
- Tipo de agrupamiento
- Criterios de calificación
- Evaluación

No hay que olvidar el siempre mencionado “aprendizaje significativo” (tipo de aprendizaje en que un estudiante relaciona la información nueva con la que ya posee; reajustando y reconstruyendo ambas informaciones en este proceso, Ausubel) de toda actividad didáctica. 
Podrían servir ejercicios de lengua: uso estilístico del presente, clasificación de las oraciones, estudio de la adecuación, coherencia y cohesión…


Bibliografía


MARTÍNEZ, JOSÉ ENRIQUE (1989), Antología de la poesía española (1939-1975). Madrid, Castalia.




2 comentarios:

  1. ¡Gracias compañero! Un gran trabajo que voy a recomendar a otros colegas. El beatus ille es mi tópico más querido. En la facultad lo trabajé para una evaluación. Además de los autores citados, también lo relacioné con la fábula de los ratones de campo y ciudad (Arcipreste de Hita). Aunque claro, con otro tono. Creo que también encontré un ejemplo en Meléndez Valdés.
    Saludos.

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  2. Muchas gracias, Enric. Me alegro de que te haya sido útil. El beatus ille tiene multitud de buenos ejemplos. Un saludo.

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