domingo, 18 de enero de 2026

¿Son Rousseau y Kant filósofos ilustrados?

 



Los siguientes textos tratan dos temas fundamentales, el valor del conocimiento y una reflexión acerca del progreso de la sociedad, ambos en la época de la Ilustración, por dos reconocidos autores, Rousseau y Kant.

Para el comentario a continuación, agradezco la ayuda prestada a mi "gran amigo filósofo", que ha preferido permanecer anónimo, además de a los grandes autores de la bibliografía.

Rousseau:

Donde no hay efecto alguno, no hay causa que buscar; pero aquí el efecto es cierto, la depravación real, y nuestras almas se han corrompido a medida que nuestras ciencias y nuestras artes han avanzado a la perfección. ¿Dirá alguien que es ésta una desgracia peculiar de nuestra edad? No, señores; los males causados por nuestra vana curiosidad son tan viejos como el mundo (…). Se ha visto a la virtud escaparse a medida que su luz se alzaba sobre nuestro horizonte, y el mismo fenómeno se ha observado en todo tiempo y lugar. (…)

Pueblos, sabed pues de una vez que la naturaleza ha querido preservarnos de la ciencia como una madre arranca un arma peligrosa de las manos de su hijo; que todos los secretos que os oculta son otros tantos males de que os protege, y que la dificultad que halláis en instruiros no es el menor de sus beneficios.

Rousseau, Primera parte de El discurso sobre las ciencias y las artes, traducción de Mauro Armiño, Alianza, pp. 44-45, 54.

Kant:

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la ilustración.

La pereza y la cobardía son causa de que una tan gran parte de los hombres continúe a gusto en su estado de pupilo, a pesar de que hace tiempo la naturaleza los liberó de ajena tutela.

Immanuel Kant, Respuesta a la pregunta ¿Qué es Ilustración?, traducción de Eugenio Ímaz, FCE, p. 25.


A partir de estos textos, responderemos a cuatro preguntas esenciales, más una breve valoración final.


1. ¿Qué nos dice cada uno de los textos acerca de la naturaleza?

Jean-Jacques Rousseau concibe la naturaleza como madre, de cuyo seno no hemos de alejarnos. Se incardina plenamente, de esta manera, en la concepción que sobre la naturaleza mantenía, en general, el movimiento ilustrado. La actitud que tomaba este movimiento frente a la naturaleza, cualquiera que fuera la acepción de ese término, era, en general, respetuosa y benévola. Era vista como un sistema armónico o, al menos, como un sistema de tal simetría y buena composición que dislocarse de ella era causa de sufrimiento para el hombre. La Ilustración, con su alegato del uso de la razón, a través de la cual se ilumina el mundo, comparte con el Renacimiento el optimismo y la confianza en el ser humano y en la naturaleza, donde la razón es un don de Dios. De ahí que el modo de curar al hombre -ya se trate de un criminal o de una persona desdichada- consistía en recuperar su naturaleza, en restituirlo al seno de la naturaleza.

Aunque hubo diferentes concepciones de la naturaleza -mecanicistas, biológicas, orgánicas, físicas, etc.-, siempre se sostenía el mismo leitmotiv: la «Sabia Naturaleza», la «Madre Naturaleza», con sus resortes, de los que no hemos de desprendernos. Incluso Hume, el menos metafísico de los pensadores, sostiene que cuando los hombres están fuera de quicio -si enloquecen o son desdichados-, la naturaleza, por lo general, vuelve a imponerse; esto significa que se imponen ciertos hábitos fijos y que ocurre un proceso de recuperación. Se cicatrizan las heridas. Los hombres son reintegrados al flujo armonioso, o al sistema armónico, según se entienda a la naturaleza como algo estático o dinámico. Sea como fuere, los hombres se recuperan al ser reincorporados en este ámbito acogedor y consolador que nunca debieron haber abandonado. Esta es la concepción que sustentaba también Rousseau, como se señala en el texto propuesto, de la naturaleza como «sabia», «paternalista» y «protectora» frente a los desmanes peligrosos provocados por la incontenible curiosidad humana, por la cultura, como opuesta a la naturaleza, materializados en las ciencias y en las artes.

Por lo tanto, Rousseau sostiene que hay una relación inversa entre el progreso y la virtud moral: a medida que las ciencias y las artes alcanzan mayor perfección, las almas humanas se corrompen. Como la naturaleza es buena y protectora, la dificultad de saber es parte de su protección. Quiere que no sepamos para así ayudarnos, como una madre que retira un arma de las manos de su hijo. Parece recordar al mito bíblico de Adán y Eva en el Edén, donde el conocimiento simbolizado en la fruta prohibida les trae dificultades y penurias, como ya dijo Gonzalo de Berceo en la introducción de Milagros de Nuestra Señora (estrofa 15):

El fructo de los árbores    era dulz e sabrido,

si don Adám oviesse    de tal fructo comido,

de tan mala manera    non serié decibido,

ni tomarién tal danno    Eva [nin] so marido.

 

Igualmente, en el célebre «Discurso de la Edad de Oro» del capítulo XI de la primera parte del Quijote, el genio que era Cervantes señala la visión idealista de la naturaleza y del estadio primitivo de la humanidad como modélico e ideal, que con el desarrollo técnico y social se ha corrompido:

—Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. […] Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre; que ella sin ser forzada ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno […].

Nótese que Cervantes menciona la palabra «madre», igual que Rousseau, referida a la naturaleza, casi siglo y medio antes que él, sabiendo ya de sobra que tal visión de la naturaleza es absoluto idealismo, parodiado en la figura de don Quijote.

 

Para Kant, en cambio, la naturaleza no es una madre. Al filósofo de Königsberg le espantaba la noción de un mundo exterior mecánico (el sistema armónico al que nos referíamos antes); y si Spinoza y los deterministas del siglo XVIII estaban en lo cierto -Helvétius, Holbach o los filósofos naturales, por ejemplo-, si el hombre era simplemente un objeto de la naturaleza, una masa de músculos, hueso, sangre y nervios determinada por fuerzas exteriores, como los demás animales y los objetos, entontes el hombre no era más que un engranaje más, una rueda dentada del reloj universal. De ahí el rechazo que siente Kant por el determinismo, y el gran hincapié que hace sobre la voluntad del hombre. A esto lo denomina autonomía. Ser vapuleado por factores externos a uno mismo, ya sean físicos o emocionales es, para él, la heteronomía, es decir, la dependencia de leyes cuyos orígenes están fuera del ser humano. Todo esto presuponía una concepción nueva y algo revolucionaria de la naturaleza, y que se convirtió en un elemento central en la historia del pensamiento moderno europeo.

Desde los clásicos, la naturaleza era lo que el arte debía imitar, de lo que deriva la moral, o en lo que se funda la política, que decía Montesquieu. Pero todo ello descalificaba la libertad de elección del ser humano debido a que la naturaleza es mecánica, o todo sucede por necesidad o causalidad («todo es movido por algo», que dijo Aristóteles). Por tanto, si el hombre es parte de la naturaleza, él también se ve determinado, y la moralidad se convierte así en una mera ilusión. Aquí procede mencionar el movimiento literario del naturalismo, postulado por Zola y desarrollado en España por Emilia Pardo Bazán, con obras como Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza, donde se incide en el determinismo como causa de los problemas sociales. Mientras que los escritores franceses novelaban con un determinismo fatal que no puede superar la voluntad humana, Emilia Pardo Bazán, de educación católica y defensora del libre albedrío, coincidiría con Kant en que la voluntad puede salvar al ser humano.

Así, según Kant, se concibe al hombre, en parte, como objeto natural: su cuerpo y sus emociones son parte de la naturaleza; tanto las cosas que son capaces de hacerle heterónomo como depender de otras cosas ajenas a su ser son naturales. La naturaleza es una base donde está todo. Pero cuando ejerce su libertad, cuando desarrolla su máximo potencial humano y alcanza su más alta nobleza, entonces el hombre domina la naturaleza, es decir, la moldea, le impone su personalidad, hace lo que él elige hacer, porque se compromete con ciertos ideales. Hay en esto otra dosis de idealismo, aunque sea diferente del de Rousseau. Por eso Kant dice en el texto que «La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad», porque la responsabilidad de querer saber, progresar e imponerse a los dictados de la naturaleza es voluntad del individuo, de ahí el lema ilustrado sapere aude.

Esto, la voluntad, es lo que distingue a los seres humanos de los objetos de la naturaleza, lo que permite al hombre elegir entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto. No hay mérito alguno en escoger lo correcto a menos que sea posible escoger lo incorrecto. Las criaturas que están determinadas a elegir perpetuamente lo bueno, bello y verdadero -cualesquiera que sean las causas- no tendrían mérito, ya que por nobles que fueran sus resultados su modo de actuar sería siempre automático (ahora podríamos pensar, a colación de esto, en las respuestas de la IA, sin mérito ni originalidad). Todo esto presupone que los hombres son capaces de elegir libremente. De nuevo Cervantes, muchísimo antes que Kant, en 1585, en su tragedia La Numancia, ya dijo, a través del personaje Cipión: «Cada cual se fabrica su destino; no tiene aquí Fortuna alguna parte».

Aun así, la noción de la naturaleza como neutral, frente a la «madre bondadosa» que defendía Rousseau, fue algo novedoso en el contexto centroeuropeo del siglo XVIII.

 

2. ¿Podemos considerar a Rousseau y Kant autores ilustrados? 

Se ha debatido bastante sobre si la familia de movimientos que, siendo discrepantes entre sí, agrupados habitualmente en lo que llamamos «Ilustración», poseyeron un compromiso intelectual común. Aunque no fue en absoluto un fenómeno uniforme, lo que es común a todos esos pensadores es la noción de que la virtud reside, en definitiva, en el conocimiento; de que si sabemos lo que somos y lo que necesitamos, y sabemos dónde obtenerlo, podemos llevar una vida virtuosa, justa, libre y satisfactoria.

Cualesquiera que fuesen las diferencias entre ellos, los pensadores de la Ilustración aceptaron tres principios básicos: todas las preguntas auténticas pueden en principio hallar respuesta; tal respuesta puede conocerse por métodos que pueden aprenderse y enseñarse a los demás; y todas las respuestas deben ser compatibles entre sí. Estos principios forman la columna vertebral de la principal tradición racionalista occidental.

El Romanticismo no sólo supuso una reacción contra la Ilustración (aunque no deje de ser un producto del idealismo de ésta), sino que supuso un cambio cultural de enorme envergadura. Partiendo de estos principios podemos considerar, tanto a Rousseau como a Kant, autores ilustrados, pero, también, como precursores del Romanticismo en algunos aspectos.

Ilustración:

Como dice Isaiah Berlin (87-97:2015), Kant es hijo de la Ilustración del siglo XVIII, pues creía que todos los hombres, al preguntarse por la conducta correcta a seguir, llegarían -en iguales circunstancias- a idénticas conclusiones; pues la razón les da la misma respuesta a sus preguntas, aunque a nuestro juicio esto sea idealismo, porque nadie piensa igual. En esto también creyó Rousseau. En algún momento, Kant sostuvo que existía únicamente una minoría de personas esclarecidas, o suficientemente experimentadas, o moralmente dignas, capaces de proveer respuestas correctas.

Sin embargo, Kant, bajo la influencia de la lectura del Emilio de Rousseau, se convenció de que todos los hombres eran capaces de lograr esto. Cualquier hombre, más allá de sus carencias formativas y culturales, era capaz de encontrar una respuesta racional a la pregunta: ¿cómo hemos de obrar? Y todas las respuestas racionales a esta pregunta debían por necesidad coincidir.

Esto remite a los postulados del pensamiento ilustrado que se aprecian en el texto de Kant: la necesidad del uso autónomo de la razón, la superación de la tutela de autoridades externas y la culpabilidad de la permanencia voluntaria en la ignorancia.

Romanticismo:

Rousseau es, en buena medida, padre espiritual del Romanticismo por su manera de entender negativamente los logros de la civilización fundamentados en el conocimiento. Según él, los logros históricos del espíritu han conducido a la depravación y a la inmoralidad. «Las necesidades del espíritu son puro ornamento: las artes, la literatura y las ciencias tejen guirnaldas de flores en las cadenas que sujetan al hombre, ahogando en su pecho el sentimiento de libertad para el que parecía haber nacido. Aquellos “ornamentos” hacen que los hombres amen su esclavitud. La necesidad levantó tronos para reyes y faraones; las artes y las ciencias los han consolidado» (Copleston, 1984:68).

La Ilustración desprecia la ignorancia, pero le ha sucedido un escepticismo peligroso. Rousseau lo atribuye al desarrollo de las artes y las ciencias, movidos por la «vana curiosidad» (como en el mito hebreo de la Creación y en el griego de Prometeo), que acaba perjudicando al ser humano, según él.

Más tarde, sobre todo en el Contrato social, Rousseau intentará justificar el paso del estadio primitivo del hombre a la sociedad organizada, y averiguar qué forma de gobierno es más compatible con la bondad natural del hombre (a diferencia de Hobbes, piensa que el hombre es bueno por naturaleza) y menos capaz de corromperlo. Esta idea convierte a Rousseau en un idealista prerromántico, aunque no del todo antiilustrado: su crítica no se dirige contra el uso de la razón en sí, sino contra una razón mal orientada, desligada de la moral y de la autenticidad natural del ser humano. Comparte con la Ilustración la preocupación por la libertad, la educación y la mejora de la sociedad, pero propone una redefinición de progreso. Por eso puede considerarse un autor ilustrado «crítico».

Por su parte, como dice Isaiah Berlin (87:2015), «Kant odiaba el Romanticismo. Detestaba toda forma de extravagancia, de fantasía, lo que él denominaba el Schwärmerei: cualquier tipo de exageración, misticismo, vaguedad, confusión». Sin embargo, se le considera también uno de los padres del Romanticismo, en lo que hay cierta ironía, desde el punto de vista de su filosofía moral. En el breve texto propuesto de Una respuesta a la pregunta: ¿Qué es Ilustración?, Kant establece que ser ilustrado no se refiere a otra cosa que a la capacidad de los hombres de determinar sus propias vidas, de cercenar las determinaciones ajenas, de alcanzar la madurez y autodeterminarse, para bien o para mal, sin descansar demasiado en la autoridad, ni en ningún tipo de valores instituidos en los que recaiga por completo la responsabilidad moral.

El hombre es responsable de sus propios actos. Si cede su responsabilidad, o si es demasiado inmaduro como para ponerla en práctica, él es por tanto un bárbaro, alguien que carece de civilización, o un niño. La civilización es madurez y la madurez es autodeterminación, es estar determinado por consideraciones racionales y no verse empujado ni arrastrado por algo o alguien sobre lo que no se tiene control. Un gobierno paternalista, basado en la benevolencia del gobernante que trata a sus súbditos como a niños, constituye la mayor forma de despotismo y destruye la libertad, con lo que es muy irónico que en la Ilustración se practicase el despotismo ilustrado, «todo para el pueblo, pero sin el pueblo». Prueba de ello es la débil producción literaria de esta época, al menos en España, en comparación con los Siglos de Oro, puesto que la literatura, que, según Jesús G. Maestro (2015), es una «construcción humana […] que se abre camino hacia la libertad […]», no pudo dar obras plenamente literarias al ser monopolizada por el programa de la ideología ilustrada.

 

3. ¿Cuál es el valor del conocimiento en cada uno de los textos?

Esta pregunta ya ha sido respondida. Para Rousseau, el conocimiento no está libre de perjuicios. Su crítica se dirige, sobre todo, al prestigio social de las ciencias y las artes y a la creencia en que favorece el progreso humano. El conocimiento, cuando se convierte en objeto de admiración y competencia, favorece la apariencia, la vanidad y la desigualdad, perjudicando la virtud. Por ello, Rousseau cuestiona que el aumento del saber haga mejores a los individuos o a las sociedades. El valor del conocimiento queda así subordinado a su utilidad moral: sólo es legítimo cuando contribuye a la sencillez, la libertad y el bien común, y no cuando alimenta la corrupción social, aumentando las desigualdades.

En Kant, en cambio, el conocimiento favorece claramente la autonomía personal. El uso de la razón permite al individuo abandonar la dependencia intelectual y asumir la responsabilidad de su propio pensamiento, pero no se trata de acumulación de saber erudito, sino de ejercicio activo de la razón. Kant sostiene que el valor del conocimiento consiste en su capacidad para liberar al ser humano de la tutela ajena y hacerlo moralmente responsable de sus juicios y acciones.

Por lo tanto, mientras que Rousseau cuestiona el valor del conocimiento cuando éste se separa de la virtud y de la vida moral, Kant lo considera indispensable para la libertad y la madurez intelectual. A este respecto, Isaiah Berlin se ha dado cuenta de que en esta madurez y esta libertad se sentarían las bases de una sociedad de mejores valores morales, ya que Kant es, en su filosofía moral, particularmente vehemente contra toda forma de dominación de un ser humano por otro. Él es, verdaderamente, el padre de la noción de la explotación como mal. Por esto encontramos en Kant un discurso tan apasionado en contra de la explotación, la degradación, la deshumanización y todo aquello que luego habría de convertirse en moneda corriente de los escritores liberales y socialistas de los siglos XIX y XX: la cosificación, la mecanización de la vida, la utilización del hombre como objeto y como materia prima para otros, el tratamiento del hombre como entidad que se puede forzar, determinar o educar contra su voluntad. Por eso Kant aplaudió la Constitución francesa de 1790. Constituía la autoafirmación de los seres humanos ante el pasado: la tradición, esos antiguos principios inquebrantables, los reyes, los gobiernos, los ancestros, toda forma de autoridad, todo esto le repugnaba a Kant. Normalmente no se ve a Kant bajo esta lente, pero no hay duda de que su filosofía moral está firmemente fundada sobre este principio antiautoritario. Esto consistía, evidentemente, en afirmar la primacía de la voluntad. Lo único digno de poseerse es la libre voluntad; esta es la proposición fundamental que introdujo Kant en el campo del pensamiento, y que tuvo consecuencias en el movimiento romántico (la conciencia del «yo») sumamente revolucionarias y subversivas, que difícilmente él pudo haber imaginado.

 

4. Relación del tema principal de estos textos con la obra de sus autores.

También se ha hecho alusión a la obra general de los autores en los apartados anteriores. Los tres temas principales de los textos comentados —el conocimiento, la razón y el progreso— ocupan un lugar central en la obra tanto de Rousseau como de Kant, y se encuentran estrechamente vinculados con los problemas filosóficos a los que se enfrentaron principalmente a lo largo de sus vidas.

En el caso de Rousseau, el texto pertenece al Discurso sobre las ciencias y las artes (1750), una obra temprana en la que ya aparecen muchas de las ideas que marcarán su pensamiento posterior. La crítica al progreso cultural y científico se relaciona directamente con su concepción del ser humano como naturalmente bueno, desarrollada en obras como el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755). Rousseau sostiene que la civilización, lejos de perfeccionar moralmente al individuo, introduce desigualdad, dependencia y corrupción. Esta desconfianza hacia el saber abstracto y hacia el refinamiento social reaparece también en Emilio o De la educación (1762), donde defiende una educación acorde con la naturaleza, orientada a preservar la autenticidad y la libertad moral del individuo. Por tanto, el texto comentado es clave dentro de su crítica a la sociedad de su época.

En cuanto a Kant, el texto Respuesta a la pregunta: ¿Qué es Ilustración? (1784) resume de forma clara y accesible los principios que sustentan toda su filosofía crítica. La defensa del uso autónomo de la razón está en la base de sus obras mayores, como la Crítica de la razón pura (1781 y 1787), donde analiza los límites y las posibilidades del conocimiento humano, y la Crítica de la razón práctica (1788), en la que vincula la autonomía racional con la moralidad. La idea de que el ser humano debe pensar por sí mismo y asumir la responsabilidad de sus actos atraviesa también su filosofía política y moral, especialmente en su concepción de la libertad y de la madurez ciudadana.

En ambos autores, por tanto, el tema del conocimiento y de la razón no se limita a una reflexión teórica, sino que tiene profundas implicaciones morales, educativas y sociales. Mientras Rousseau cuestiona el valor del progreso intelectual cuando éste se separa de la virtud, que anula la libertad en una sociedad, Kant afirma la necesidad del conocimiento racional como condición indispensable para la libertad. Los dos textos aluden a las preocupaciones centrales de sus respectivas obras y a la vez muestran las tensiones internas del pensamiento ilustrado.

 

Breve valoración personal

Coincidimos en parte con las conclusiones del polémico Jesús G. Maestro, que rechaza casi todo idealismo, siendo idealistas, según este autor, tanto las propuestas de Rousseau como las de Kant. Rousseau presenta la “naturaleza buena” como un principio casi mítico que sirve para criticar la sociedad, pero que difícilmente puede sostenerse como punto de partida empírico del conocimiento humano. Kant, en su exaltación de la razón autónoma, ignora las condiciones sociales reales que permiten o limitan su uso. No todos son burgueses que puedan «atreverse a pensar», sino que la realidad es mucho más compleja.

 

Bibliografía

Berlin, Isaiah (2015). Las raíces del romanticismo, pp. 87-97. Barcelona: Taurus.

Copleston, Frederick (2017). Historia de la filosofía (Vol. 3), pp. 53-89. Barcelona: Ariel.

González Maestro, Jesús (2025). Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI. Madrid: HarperCollins.

-- (2015/02/11). Definición de literatura [archivo de vídeo]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=8Ib01m0-9CU

 



martes, 9 de diciembre de 2025

Viaje de Erasmus a Turquía 2025

Este mismo texto, con posibles variantes y distintas fotografías, está publicado en la sección Erasmus de la página web del CEPA Orcasitas.


Domingo, 30 de diciembre de 2025.

Comenzamos una nueva experiencia Erasmus en el CEPA Orcasitas. En nuestro proyecto Erasmus KA-122, de quince meses, hemos ido dos profesores a Mangualde (Portugal), nueve alumnos y dos profesoras a Turín (Italia) y teníamos presupuesto para realizar otra movilidad de profesores a Holanda antes del final de este año 2025. Sin embargo, gracias al CEPA Paracuellos, quienes nos dieron nuevos contactos, acogimos en junio a un grupo de una profesora y cuatro alumnas adultas provenientes de Turquía, de una ciudad llamada Ödemiş. Además de lo enriquecedor que fue acoger a estas alumnas y a Aylin Hepgur, la coordinadora Erasmus de la Escuela Pública de Ödemiş, conseguimos un valioso contacto para nuevas movilidades.

Así, decidimos cambiar la movilidad a Holanda por otra a Turquía, aprovechando la fabulosa atención de Aylin, que nos prepararía varios días de visita a otra escuela pública de adultos en Esmirna, que incluía adultos con discapacidad, que también nos interesaba por si el próximo curso enviábamos de Erasmus a alumnos de nuestro Taller Operativo. Acordamos la fecha del 30 de noviembre al 7 de diciembre, días adecuados para ellos y para nosotros. Tras algunos momentos apremiantes de reserva de vuelos, hoteles, preparación del programa y elaboración de importantes documentos de Erasmus, por fin llegó el momento de la salida de nuestra directora, Yolanda Bernal, y nuestro profesor de Lengua, Eduardo Madrid, más dos profesoras del CEPA Paracuellos, a realizar esta movilidad de Aprendizaje por Observación (Job Shadowing) de varios centros educativos de Turquía.

Volamos a Esmirna (en turco, “Izmir”) en vuelo directo desde Madrid con la compañía aérea turca Pegasus los cuatro profesores. En la T1, el domingo 30 por la mañana, nos reunimos Olga y Ana Belén, de Paracuellos, y Yolanda y yo, de Orcasitas. Y tras un vuelo algo largo y un cambio horario de dos horas más, aterrizamos en Esmirna y llegamos al hotel.

 


Lunes, 1 de diciembre de 2025.

El lunes 1 de diciembre fuimos a nuestro centro de acogida en Esmirna: Bayraklı Halk Eğitimi Merkezi, el centro educativo público de Bayraklı, que es un distrito de los treinta y uno que tiene Esmirna. Cada distrito cuenta con un instituto público. Sin embargo, este centro es algo especial: es una escuela de oficios para adultos, donde se da formación práctica especialmente enfocada para conseguir trabajo, como costura, contabilidad, cocina, etc. Esta escuela, no obstante, también tramita los títulos de la educación básica (lo que equivaldría a nuestra ESO), pero no imparte formación de estas enseñanzas. En Turquía, la formación de adultos que no tienen la “ESO” de Turquía se imparte solamente en línea a través de las universidades, pero los alumnos van a recoger el título a escuelas públicas como la de Bayraklı. Esta escuela en concreto realiza una importantísima labor de formación y de gestión porque tiene acuerdos con otras ochenta escuelas. En el centro trabajan como fijos trece profesores, pero contratan de manera temporal a otros cincuenta según los cursos que surjan.



Özlem Imal, la directora de las escuelas de adultos de Bayraklı, nos recibió con deliciosos tés y pastas turcas en su despacho, donde nos presentó a otros profesores que serían nuestros acompañantes ese día y los siguientes: Zerrin, que hablaba un inglés excelente; Davut Hatipoğlu, director de ese centro, que estuvo con nosotros casi en todo momento y se ocupó de llevarnos de un lugar a otro en la furgoneta del instituto; Uğur, fotógrafo y profesor de fotografía, también muy amable, y Ezgi, profesora de inglés, que también nos dedicó muchísimo tiempo y atención, y que también se esforzó mucho en entendernos y en explicarnos todo lo que le preguntábamos.

Ese día visitamos clases de costura, donde nos tenían preparadas unas máquinas de coser y donde nos enseñaron a tejer los bordes de una tela para hacer una bolsa de costado. En otra clase distinta de costura, además, nos mostraron cómo bordar con distintos patrones unos adornos de árboles de Navidad que nos habían preparado. Fueron muy atentos con ese detalle de un festejo religioso de una cultura que no era la suya. Allí, por cierto, las banderas de Turquía están por todas partes y en todas las aulas está la fotografía de Mustafá Kemal Atatürk (1881-1938), el primer presidente de la moderna República de Turquía y promotor de la “occidentalización” de este país, además de héroe militar por la victoria turca en la batalla de Galípoli en la Primera Guerra Mundial.

Las alumnas de las clases de costura dibujaban primero los patrones en papel, luego cortaban la tela y de ahí fabricaban sus propios vestidos, cosidos con las buenas máquinas de coser con las que contaba la escuela.



En otras aulas se enseñaba a tejer otro tipo de objetos, como manteles, bolsos y adornos de tela.

Otra clase que visitamos era de cocina. Nos tenían preparados unos rodillos y cuatro bolas de masa con harina en una encimera, para que nosotros mismos aprendiésemos a aplanarlos y hacer finas tortas, que serían la base de una comida tradicional, que comeríamos después, llamada Kayseri Yağlaması (“Kayseri” es una ciudad; busquen el nombre completo de esta comida en Google y verán qué apetitoso).






La siguiente clase que vimos fue de trabajo en cuero, es decir, de talabartería o marroquinería. Todo lo que hacían allí era artesanal y utilizaban cuero natural de buena calidad. Nos mostraron excelentes manufacturas de cuero, hechas por los alumnos, como bolsos, cinturones, adornos de pared, etc. Nos enseñaron a repujar con troqueles, a golpes de mazo, y nos regalaron llaveros y pulseras. Uno de los alumnos cantó con excelente voz una canción tradicional.

La siguiente aula a la que entramos era una clase de contabilidad. Estaban aprendiendo a calcular impuestos. Allí el IVA se llama KDV. Hablamos de las distintas tasas de impuestos en su país y en el nuestro. La clase contaba con un proyector y una pizarra blanca donde la profesora mostraba los cálculos de porcentajes.

Otra clase fue la de inglés, que impartía Ezgi. Los alumnos tenían un nivel bastante bajo, pero igual ocurre con nuestras enseñanzas de adultos en España. Muchos alumnos son inmigrantes sirios que acuden a Turquía en busca de seguridad y subsistencia económica.

Después de todas estas clases, nos dieron una excelente comida, que fueron los Kayseri Yağlaması que nosotros habíamos empezado a elaborar. También bebimos un yogur líquido salado muy típico de Turquía, llamado ayran. No faltaban tés turcos en pequeños vasitos curvados, típicos de allí.

De allí fuimos a otra escuela, transportados por Davut, cuyo edificio pertenece al ayuntamiento de Esmirna, pero que se lo cede a la escuela: Atatürk Açık Hava Tiyatrosu Ve Kültür Merkezi. Allí, además de un dentista gratuito, imparten clases de costura y cursos básicos de alfabetización en lengua turca (sobre todo para inmigrantes sirios y otros que acuden a Turquía en busca de un nuevo hogar), clases de matemáticas, de historia… Esos cursos son de 160 horas, según nos explicaron. A veces, en la misma sesión de clase se da lectoescritura y luego matemáticas. Cuando llegamos, estaban escribiendo pequeños dictados y seleccionando palabras escritas en letreros en la pizarra para aprender a hacer la compra.



Aquel barrio, que estaba en alto, en una de las colinas que rodean Esmirna, es muy pobre. También pertenecía a Bayraklı, pero era una zona bien distinta. Se veían edificios de diversos colores, materiales y calidades, con techos de chapa sobre las azoteas, donde se acumulaban cosas que debían de ser pertenencias de los vecinos. La ciudad se extendía hasta donde alcanzaba la vista.



Davut nos dejó en un lugar en la costa que nos recomendaron que viéramos: Karşikaya. Una carretera muy transitada discurría a lo largo de la línea costera, junto a buenos bloques de pisos con vistas al mar. Cuando nos apeamos y nos despedimos de los profesores de Bayraklı, recorrimos la calle de tiendas que nos habían dicho, pero decidimos intentar coger pronto un ferry a la otra zona de la ciudad, donde también había lugares que queríamos visitar.

Esmirna -que casi es mejor llamar Izmir, para no confundirla con las ruinas de la antigua ciudad griega- está en una gran bahía hacia el oeste en la costa occidental de Anatolia, que vista desde el cielo recuerda a las grandes rías de Galicia. La ciudad se extiende a lo largo de las costas norte, sur y este (el fondo) de la ría. Lo cierto es que los antiguos griegos, cuando fundaron la ciudad, no pudieron elegir mejor sitio.

Nuestro hotel estaba en el sur, mientras que Bayraklı y la escuela que habíamos visto estaban en el noreste. Por eso nos dejaron en Karşikaya, donde debíamos coger un ferry para cruzar la bahía y seguir viendo cosas en la zona sur, cercana a nuestro hotel, que además era el centro histórico. Y así lo hicimos, subiendo a todo correr a un ferry a punto de salir, tras problemas para sacar los billetes en la máquina.

Nos emocionó ver por primera vez allí el mar Egeo. Desde el barco hicimos numerosas fotos y vídeos al paisaje. Las gaviotas volaban y revolaban junto al barco, como si acompañarnos fuera una experiencia divertida para ellas. Como hacía viento, sacamos nuestra bandera de Europa y nos hicimos fotos asomándonos a la amura de babor.



Tras explorar las maravillas de las calles cubiertas del mercado de Konak, llegamos a la famosa Torre del Reloj (Izmir Saat Kulesi) en Konak Meydanı, y de allí volvimos al hotel.





Martes, 2 de diciembre de 2025.

Empezamos en la escuela de Bayraklı con una curiosa clase de fotografía impartida por Uğur, en compañía de la profesora de inglés, Ezgi, y unos alumnos del centro, con quienes formamos dos equipos para tratar de hacer, cada uno, fotografías originales con nuestros móviles que tuvieran algo de narrativo. Uğur nos enseñó que son mejores las fotos que parezca que cuentan una historia, que susciten curiosidad y que, para ello, lo mejor es que muestren personas, no cosas ni animales.

Tras ello, nos montamos de nuevo en el coche de la escuela y nos llevaron a un centro educativo de discapacitados mentales, de discapacidad severa, de más del 55%, que también estaba en Bayraklı. Se llamaba “Halk Eğitimi Merkezi - Özel Yürekler Kurs Binasi”, que significa ‘Centro de Educación Pública – Edificio del Curso de Corazones Especiales’. Estos “corazones especiales” eran los discapacitados mentales, que se alegraban muchísimo de vernos y estaban siempre agradecidos a sus profesores, que con tanta dedicación cuidaban de ellos y los guiaban para hacer tareas manuales, como pulseras, pintura de objetos, tejidos sencillos, etc. Uno de ellos había sido, o era, deportista profesional de lanzamiento de peso. Visitamos todas las aulas donde estos alumnos especiales elaboraban sus manualidades. No todos hacían lo mismo, sino que a cada uno le atribuían una cierta labor en función de sus gustos y capacidades.

En ese mismo edificio, había también alumnos normales de Enseñanza Secundaria. Los discapacitados de menos de 33%, como los que tenemos en el Taller Operativo del CEPA Orcasitas, van a clase con todos los demás alumnos. Los directivos del centro tuvieron la amabilidad de enseñarnos también una clase de matemáticas de estos alumnos, que estaban en el curso equivalente a nuestro 4º de ESO. Estaban aprendiendo a reducir números en sus divisores.

Después de esta clase, fuimos a ver otra de discapacitados donde nos habían preparado unos regalos que nosotros mismos íbamos a terminar. Se trataba de las bolsas de tela que el día anterior habíamos empezado con las máquinas de coser y, en ese momento, con unos tampones y pintura, en compañía de los alumnos, estampamos el logotipo de la escuela y un adorno navideño.

Tras esta última clase, nos invitaron a té y dulces. Aunque nos habían preparado café turco, confesamos que preferíamos el té.

El siguiente instituto que visitamos ese día se llamaba también Özel Yürekler Halk Eğitimi Merkezi, pero de otra zona de la ciudad. Era uno de los dos únicos centros educativos de Turquía exclusivamente para discapacitados. Son alumnos residentes en aquel distrito solamente, Karşikaya, puesto que, de admitir alumnos de más lugares, no podrían acogerlos a todos. Además, al ser discapacitados, un autobús de ruta se encarga de recogerlos para llevarlos y traerlos de la escuela. Al igual que en la otra, la de “Corazones especiales”, a los alumnos les enseñaban principalmente manualidades de distinto tipo en función de los gustos y habilidades de cada uno. Sin embargo, había también una clase de música que nos resultó fascinante: un grupo de cinco o seis alumnos discapacitados, con instrumentos de percusión, acompañados por dos excelentes profesores de música que tocaban sendos instrumentos de cuerda y de viento típicos de Turquía, interpretaron para nosotros un par de piezas musicales tradicionales turcas, cuyo sonido tan oriental y exótico nos encantó.

Entre sus instalaciones, el edificio contaba, además, con pequeño gimnasio en una de sus aulas. El hueco de la escalera estaba cubierto con redes para prevenir accidentes. En el exterior, había una parte vallada donde cuidaban gallos y gallinas. No faltaron los tés y las deliciosas pastas en el despacho del director, a las que tan gentilmente nos invitaron.

Finalmente, acabamos la visita y nos dedicamos a explorar la ciudad. Encontramos una oficina postal, que también era banco, llamado PTT, con marquesinas amarillas, donde cambiamos euros a liras a muy buen cambio. Pasamos por el hotel para dejar las mochilas y nos encaminamos al Ágora, el recinto arqueológico donde se conservan restos del ágora de la ciudad griega, posteriormente romana, de Esmirna.

Era el momento en que caía la tarde y la luz sobre los arcos y las columnas corintias era preciosa. No faltaban perros y gatos, bastante dóciles y cariñosos, que adornaban nuestras fotografías. Aprendimos, leyendo los letreros, que hubo un gran terremoto en el año 178 d. C., que desoló la ciudad, y que tuvo que ser reconstruida después con prisas. De lo que veíamos, casi todo eran los sótanos de la basílica (principal edificio judicial y comercial en la época clásica), ya que todo el mármol y demás piedra útil de la superficie fue destruido o expoliado.



Después de la rica experiencia histórico-artística, nos adentramos en las calles cubiertas que albergaban el mercado o bazar Kemeralti, donde comimos unos buenísimos bocadillos de boquerones fritos con verduras frescas. Es fantástico pasear por allí y ver todo lo que tienen: pescado (de todo tipo, fresquísimo), verduras, setas, quesos, carnes, especias, textil, cuero, joyas… Por supuesto, entre las cajas por el suelo, había bonitos gatos atentos a lo que encontraban de comer.

 


Miércoles, 3 de diciembre de 2025.

El miércoles comenzamos la actividad en la escuela de adultos de Bayraklı, donde nos hicieron entrega del regalo de la directora Özlem Imal, un bonito cuadro de punto de cruz elegantemente enmarcado, que agradecimos efusivamente.

Ese día era muy importante para la comunidad educativa de Bayraklı y para todo el mundo, pues era el Día Internacional de los Discapacitados, y que allí lo celebraron de manera muy especial: fuimos todos, los profesores y los alumnos, al centro comercial Westpark Outlet, donde se encuentra una de las más formidables atracciones turísticas de Izmir: el acuario “Funtastic”, donde mantienen ejemplares de diversas especies acuáticas marinas y de agua dulce, desde cangrejos hasta tiburones. Los alumnos lo pasaron en grande y nosotros también, haciéndonos muchas fotos y siendo fotografiados por Uğur, quien además mantuvo una grata conversación con nosotros. Davut, Zerrin, Özlem y Ezgi también nos atendieron estupendamente en todo momento. Una vez más, nos invitaron a comer allí, junto a los alumnos, que comieron con apetito los kebabs de pollo.




Esa misma tarde, fuimos a un moderno hamam, donde tres de nosotros pasamos un rato a reconstituirnos en aquellas instalaciones.

Tras ello, nos desplazamos en taxi a otro punto de la ciudad, donde nos habían dicho que debíamos ir: un antiguo ascensor de principios del siglo XX, construido por un filántropo judío, que fue de su propiedad hasta que fue donado al municipio. Al ser un punto alto, desde allí hicimos buenas fotos del paisaje urbano costero. Además, como decidimos volver a pie a nuestro hotel, por el camino también hicimos interesantes fotos de la ciudad.



Esa misma tarde, dejamos nuestro hotel en Izmir para desplazarnos en tren a Ödemiş, dentro de la provincia de Esmirna, donde visitaríamos más centros educativos los días siguientes. Nos alojamos en una residencia especial para profesores, muy barata y donde nos trataron muy bien: Ödemiş Öğretmenevi Ek Hizmet Binası. La ciudad no era muy grande, aunque tampoco pequeña, y nuestra coordinadora Erasmus, Aylin, nos recogió en su coche en la estación y nos llevó al hostal en pocos minutos.

 

Jueves, 4 de diciembre de 2025.

Comenzamos pronto ese día porque había muchas actividades programadas. Nos vinieron a recoger porque íbamos a ver un instituto que estaba fuera de la ciudad, en otro municipio al que había que ir en coche, Küçükavulcuk. El instituto que íbamos a ver, Ödemiş Ayhan Kökmen Fen Lisesi, es majestuoso, tanto por sus edificios como por su función. Tiene 33 profesores y unos 400 alumnos. Es un “liceo”, es decir, los últimos cuatro años de escolarización, que dan acceso a los estudios universitarios. Para acceder a ese instituto, hay que pasar un examen muy exigente, por lo que los estudiantes que veíamos allí eran realmente buenos. Además, es un liceo científico, para alumnos que quieran estudiar carreras de ciencias, como ingenierías y medicina, en universidades de Ankara, Estambul… Como en España, para acceder a la universidad hay que hacer un examen (equivalente a nuestra Evau), pero de dos días, que son sábado y domingo: el sábado es el examen de asignaturas de todas las ramas, mientras que el domingo son los exámenes de ciencias o de letras, según la especialidad que se haya estudiado.

Al estar el instituto en una pequeña localidad fuera de Ödemiş, y acudir allí alumnos de diversos lugares, el complejo contaba con una residencia de estudiantes.

Nos recibieron muy amablemente la directora, Yasemin Düzenli, el orientador y varios profesores que hablaban muy bien inglés: Muhammet Emin Yilmaz, Bünyamin Güneş, Giǧdem Kücük y algunos más.



Nos invitaron primero a una clase de inglés. Habían preparado una presentación con coincidencias y diferencias entre la cultura turca y española, que incluía lengua, supersticiones, cocina, bailes, etc. Las alumnas que salieron a exponer eran brillantes y hablaban inglés perfectamente. También realizó brevemente una pareja de alumnos, un chico y una chica, unos movimientos de bailes tradicionales turcos, y otros cuatro alumnos interpretaron una pieza musical.

A continuación, vimos una clase de Geografía, en la que estaban dando demografía. Uno de los profesores que nos acompañaban nos iba traduciendo a inglés en voz baja. Nos llamó la atención el rápido crecimiento de la población turca en los últimos veinte años, sobre todo por la inmensa inmigración siria y de otros lugares: de 55 millones en 2001, ha pasado a 85 millones en 2025.

Nos despedimos del personal docente de este formidable centro, muy agradecidos.

El siguiente centro que vimos estaba en las afueras de Ödemiş y también era un edificio impresionante. Su nombre era Ödemiş Gençlik Merkezi, que significa Centro Juvenil Ödemiş. Ese lugar contaba con una fantástica pista cubierta de baloncesto y vóleibol, aula de informática y tecnología, de pintura, de música y de pintura de cerámica, entre otras. En esta última, nos tenían preparados unos platos de escayola o un material similar, y pinturas típicas turcas, muy acuosas, que la cerámica absorbía rápidamente. Allí pasamos una relajante hora de pintura, cada uno pintando nuestro plato, que luego, según nos dijeron, esmaltarían para embellecerlos y que fueran útiles para su utilización.



Nos mostraron una impresionante sala de moqueta roja para la que había que descalzarse, donde nos dieron té y delicias turcas. A continuación, nos despedimos todos cordialmente en el exterior, ante el llamativo pórtico de entrada del edificio, junto al que había un ajedrez de varios metros en el suelo.

Fue a partir de este centro cuando nos acompañó Selin Güleroǧlu, una profesora de inglés que colaboró como intérprete y acompañante, con quien hicimos una gran amistad.

Nos montamos de nuevo en los coches (nosotros en el de Aylin) y nos fuimos a la bonita localidad de Birgi, un pueblo de gran riqueza histórica y artística. Allí nos mostraron la “Birgi El Sanatları Evi”, la Casa de Artesanía de Birgi, que como pudimos ver en algún letrero, colabora para formación de adultos con el Ödemiş Halk Eğitimi Merkezi.

La Casa de Artesanía de Birgi, en su planta baja, tiene un fabuloso taller textil con telares tradicionales de madera, donde un grupo de mujeres fabrica sus propios tejidos de manera totalmente artesanal. Nos intentaron enseñar a utilizar uno de esos telares tradicionales, a uno tras otro, para que todos lo intentásemos, y descubrimos lo difícil que es coordinar manos y pies para desplazar eficazmente la lanzadera que pasa el hilo de un lado a otro del telar, que siempre se nos caía al suelo. Decían que normalmente una persona tarda unos dos meses en aprender a tejer con esos telares.



A continuación, nos mostraron la planta de arriba, que era una tienda y museo de exhibición de objetos artesanales. Había numerosos tejidos, muñecos de lana, un viejo tocadiscos, un cuadro de una famosa cantante turca, jabones forrados con lana decorada, cerámicas, etc. Como también era tienda, aprovechamos para comprar regalos.

Y cómo no, otra vez nos invitaron a comer. En un delicioso patio interior, con un porche, hierba y árboles, habían dispuesto mesas y comida para todos nosotros, los docentes y directores del Ödemiş Halk Eğitimi Merkezi (compartimos mesa con Taner Tokali y Abdullah Gürsoy), los de la Birgi El Sanatları Evi y nuestra excelente traductora Selin, que estuvo siempre con nosotros.

A continuación, nos dieron a elegir entre volver con ellos a Ödemiş o quedarnos un rato más en Birgi y volver por nuestros medios, en un autobús que pasaba cada media hora, y elegimos esto último porque el pueblo era bonito y agradable. Además de pasear, pudimos ver la Çakırağa Konağı, la Mansión Çakırağa, un edificio histórico precioso, de madera, de la última época del Imperio Otomano en el siglo XVIII, increíblemente bien conservado. Fue habitada desde 1761 por Çakıroğlu Mehmet Bey, un acaudalado comerciante, que se casó con dos mujeres, una de Esmirna y otra de Estambul, por lo que hay referencias a ambas ciudades en la casa.



Volvimos a Ödemiş sin problemas, donde cenamos muy buena comida. Pero nos aguardaba una sorpresa más: nuestra amiga traductora, Selin, nos ofreció ir a tomar algo con ella, su novio, su hermana y otro amigo, invitación que aceptamos sin dudarlo. Fueron a buscarnos en coche donde estábamos cenando y nos llevaron de nuevo a Birgi, donde tomamos otra delicia turca, una bebida caliente muy parecida a nuestro arroz con leche, pero sin arroz, sólo con almidón, al que se le podía añadir canela. Esta bebida, propia del invierno, se llama salep, que está hecha de leche caliente mezclada con harina de raíces de orquídeas silvestres (glucomanano), que le da una textura espesa y cremosa, servida con canela y a menudo endulzada.



Tras esta apacible velada, nos llevaron de vuelta a Ödemiş y dormimos estupendamente en nuestra residencia de profesores.

 

Viernes, 5 de diciembre de 2025.

Por fin llegó el momento de visitar el Ödemiş Halk Eğitimi Merkezi, la escuela de adultos que nos había invitado y había organizado todo gracias a Aylin, profesora de historia y coordinadora Erasmus. Fuimos en taxi los cuatro con nuestras maletas, ya que, tras la actividad, nos iríamos directamente sin pasar por el hotel.


Allí nos condujeron al despacho del director, Taner Tokali, que nos recibió con té y pastas. Hicimos allí el intercambio de regalos en presencia de Abdullah Gürsoy, profesor de historia y director asistente, y de Gökçe Turan y Tekin Açikel, otros directores asistentes. La figura de “director asistente” equivale más o menos a secretarios. Allí, todos los miembros del equipo directivo se dedican exclusivamente a labores de dirección y no dan clase. La escuela cuenta actualmente con trece profesores, sin contar la dirección.

Nos mostraron todas las aulas del centro, que contaba con todo lo necesario: pupitres en buen estado, pizarras blancas, proyectores, climatización… Vimos la sala de profesores, pequeña y acogedora, parecida a la nuestra del CEPA Orcasitas, la sala de ordenadores, la clase de costura, la de cocina, la de inglés, la de matemáticas, la de historia, la de dibujo…

Vista de Ödemiş desde un balcón de la escuela.

Nos dieron pastas y un té afrutado muy bueno. Allí, al ver a una alumna estudiando matemáticas, entendimos que allí también se podían preparar para el examen de la “selectividad” turca, el YKS (Yükseköğretim Kurumları Sınavı), aunque en su libro ponía TYT, que es el examen de competencias básicas (matemáticas, lengua turca, ciencias básicas y razonamiento y comprensión lectora).

Tras ver todas las aulas del centro, nos condujeron a una de cocina, donde nos tenían preparada una pequeña clase de repostería con excelentes ingredientes: una maceta de chocolate que íbamos a rellenar con distintas capas de nata, bizcocho, frambuesas, arándonos y otras exquisiteces. Así lo hicimos, provistos de delantales. Incluso los decoramos con pintura dorada comestible. Finalmente, emplazamos las flores –unas rosas- que tenían preparadas, también comestibles, en nuestras respectivas macetas, todo ello con muchas fotos y excelentes atenciones. Nuestra amiga Selin también colaboró.



A continuación, vino la comida, en esas mismas mesas, formada por diversos manjares turcos muy elaborados, que nos pareció un despliegue de medios de valor inestimable para nosotros. Todo aquello tuvo que requerir mucho trabajo por quienes lo hubiesen elaborado, probablemente la profesora de cocina y sus alumnos. 



De postre, cómo no, tomamos nuestras macetas de chocolate, que resultaron deliciosas, aunque también una cantidad excesiva para una sola persona, de modo que las troceamos y compartimos. Nos dieron también un café turco rebajado con leche en otros vasitos comestibles, de barquillo y chocolate.



Tras esa inmejorable atención, nos llevaron a un museo de historia de la ciudad de Ödemiş muy cercano, literalmente a la vuelta de la esquina. También estaba muy cuidado y contaba con objetos muy interesantes. La casa que lo albergaba también tenía valor histórico y cada habitación contaba con reproducciones de despachos de personas famosas, de habitaciones de casas tradicionales, oficios… No nos pudimos demorar demasiado porque ya llegaba el final de nuestro tiempo allí.



De nuevo en la escuela, llegó el momento de la despedida. Dos de nosotros, los del CEPA Orcasitas, debíamos coger un tren de vuelta a Esmirna, para ver al día siguiente, el sábado, con otro tren, las ruinas de Éfeso. Por su parte, las dos profesoras del CEPA Paracuellos se iban a Estambul, que verían también el sábado. El domingo, unas desde Estambul, otros desde Esmirna, volaríamos a Madrid.

Sábado, 6 de diciembre de 2025.

Éfeso (Selçuk, provincia de Izmir, Turquía)








Y así fue, todo salió bien en los días siguientes, el sábado 6 con la visita a Éfeso, y el domingo 7, que fue el día de regreso a Madrid, con algún que otro incidente sin gravedad.

La experiencia fue, sin duda, formidable, con la que aprendimos muchísimo sobre el sistema educativo turco, la enseñanza de adultos y, lo que no es menos importante, la sociedad turca, pues Turquía es un país más cercano de lo que parece, con un gran potencial y con mucho con el que compartir.

Expresamos aquí nuestra máxima gratitud a todos los que nos acogieron con tanta hospitalidad, que nos atendieron y acompañaron todo el tiempo, especialmente a Aylin, quien hizo posible todo el programa de actividades.

 

 

 

 

 


jueves, 16 de octubre de 2025

Madrid galdosiano: ruta guiada de Madrid Libro Abierto

El jueves 2 de octubre de 2025 realizamos la actividad complementaria de Madrid Libro Abierto, una ruta guiada por calles del centro de Madrid relacionadas con Galdós y su obra novelística. El grupo con el que fuimos fue Nivel II Mañana, con dos profesores, Soco y Eduardo. Los guías de Madrid Libro Abierto también eran dos. Los siguientes apuntes corresponden al subgrupo que fue con el ponente Carlos Medina.

Nos reunimos en calle Fuencarral, 78, junto al metro Tribunal y el Museo de Historia de Madrid. Allí, el guía se presentó y nos comentó que íbamos a mencionar tres obras de Galdós a lo largo del recorrido: El amigo Manso, Miau y El 19 de marzo y el 2 de mayo.

Lo primero, nos hizo fijarnos en el lugar en que estábamos. A un lado y a otro de la calle había dos edificios muy distintos que representan las dos estéticas del siglo XVIII. El actual Museo de Historia de Madrid es del Barroco, de la 1ª mitad del XVIII, mientras que el Tribunal de Cuentas es del Neoclasicismo, de la 2ª mitad del XVIII. El cambio de estilo representa también un cambio en la sociedad, que se dio de forma paulatina: el paso de una sociedad estamental, propia del Antiguo Régimen, a una sociedad de clases, protagonizada por la burguesía.



El Museo de Historia era, realmente, del siglo XVII. El edificio original era el Real Hospicio de San Fernando. Un hospicio era una especie de albergue para mendigos y gente necesitada. En el siglo XVIII, Pedro de Ribera, por encargo del rey borbón Felipe V, reforma el edificio. Tiene ventanas muy grandes para aprovechar la luz. Es llamativo que tengan rejas las ventanas: el guía nos contó que, coloquialmente, a ese hospicio lo llamaban “la Cárcel”, porque se decía que quienes entraban no podían salir. Desde luego, la presencia de rejas tenía esa función de impedir entrar y salir, como en los conventos de clausura.

El edificio sólo tiene dos plantas y en la superior las ventanas no tienen rejas, y están decoradas con escudos esculpidos en relieve, que corresponden a los distintos reinos de la España de entonces.


El color rosa pastel de la fachada es propio de la transición entre el Barroco y el Neoclasicismo (1721-1726), el Rococó, movimiento artístico que surgió en Francia a principios del siglo XVIII, sucediendo al Barroco, y se caracterizó por una ornamentación elegante y delicada. Se distingue por el uso de formas curvas y asimétricas, motivos vegetales y de conchas (“rocaille”), colores pastel y dorados, y una temática centrada en la vida aristocrática, el amor galante, la naturaleza y lo cotidiano, para no ser tan solemne como el Barroco. Por eso ese llamativo color rosa.

Sin embargo, este estilo convive en España con un estilo particular nuestro, propio del final del Barroco, que es churrigueresco, llamado así por los arquitectos de la familia Churriguera, que se caracteriza por una ornamentación exuberante y abigarrada, con énfasis en el movimiento, las curvas y las figuras vegetales.

Nuestro guía, Carlos, destacó la escena teatral del relieve principal, que lamentablemente para nosotros estaba en obras, pero que pudimos ver en el dibujo de la tela que cubría los andamios. En lo alto, aparece el rey Fernando III el Santo, del siglo XIII, que unió Castilla y León, al que se le considera santo y guerrero, es decir, comprometido con la Iglesia y con el Estado, todo un modelo de gobernante. Debajo de Fernando III, se muestra la Coronación de la Virgen, famosa escena en la que a la Virgen se la corona como reina del cielo y de la tierra. Debajo de la Virgen rodeada de ángeles, aparece la corona de los Borbones sobre el escudo de España, del que cuelga el símbolo de la Insigne Orden del Toisón de Oro, una orden de caballería que fue heredada por la monarquía española, que simboliza heroísmo. A ambos lados del conjunto, con todos sus adornos, se ven recogidas las cortinas del telón, talladas en piedra, con lo que parece así una escena teatral, no tanto como si fuera mentira, sino para abrirnos la visión a cosas maravillosas.


Felipe V le pidió a Pedro de Ribera que esculpiese una exaltación de la monarquía como protectora de la humanidad y vincularla con su origen divino, para legitimar así el poder absoluto. Por eso el rey santo, la Coronación de la Virgen y la corona borbónica. Toda esta propaganda se debía a que en el siglo XVII había corrientes racionalistas que estaban cuestionando la monarquía.

Nos movimos hacia la fachada del Tribunal de Cuentas, donde tenemos lo contrario: racionalismo, simetría, equilibrio, sobriedad, limpieza… La guía del otro grupo comentó que era tan simétrico que, si se plegase el edificio por la mitad, coincidiría todo.


De allí, avanzamos hacia la calle de la Palma. Dimos saltos en el tiempo, ya que el guía nos habló del bar Penta, típico de la movida madrileña, de finales de los 70 y años 80, con el rock punk y canciones como “El bar de la chica de ayer”, de Antonio Vega, que tuvo problemas con la heroína y murió joven. Otro bar famoso es el de la Vía Láctea.

En esta calle, además, entramos en pleno siglo XIX. En esta época, protagonizaban la sociedad las clases medias y la burguesía. Pero retrocedemos un poco más: en el siglo XVII, este barrio, Malasaña, nace con algunas iglesias y conventos, por ser una zona tranquila, así que también aprovechó la nobleza para construirse palacios. Hay 23 palacios en Malasaña. En uno de ellos vive Esperanza Aguirre.

Con la industrialización y el desarrollo urbanístico del siglo XIX, crece el barrio. Casi todas las viviendas que vemos ahí son de ese siglo. El guía nos dice que nos imaginemos, por un momento, a unos mil soldados franceses cruzando la calle, en 1808…

Y de nuevo volvemos al siglo XX, y al auge de creatividad con la movida madrileña. A todos nos sonarán nombres como Alaska y Pedro Almodóvar. Se reunían ellos y muchos otros en el número 14 de la calle de la Palma. La primera banda punky de Alaska se llamaba “Kaka Deluxe”. Todo esto aparece por el final del franquismo, cuando se acabó la represión y los artistas eran libres. Veían lo que hacían en Londres y Nueva York y lo copiaban o adaptaban. Ahora, en esta calle, hay tiendas de moda vintage, de ropa antigua, y sigue siendo un barrio de gran diversidad social, de artistas, de gente del cine…


Aquí empezamos a hablar de Benito Pérez Galdós. Cada persona y cada parte del decorado que vemos parece servir para incluirlo en una novela. Así lo dijo Galdós en su discurso de ingreso en la RAE, “La sociedad presente como materia novelable”, en 1889. Todo es novelable, y vemos lo mismo que veía Galdós en estos edificios: fachadas con decoraciones de escayola, balcones con hierro forjado… El hierro forjado es muy típico del siglo XIX, como la estación de Atocha, el mercado de San Miguel…


En estas casas, los más pobres vivían en las partes altas de los edificios, mientras que los ricos vivían en las bajas. Esto era así porque eran muy frecuentes los incendios y las partes bajas eran más seguras para escapar o sacar objetos de valor.

En la calle San Andrés, vemos un edificio en ruinas, de ladrillo, de estilo neomudéjar, que es algo propio de las fábricas españolas de la época. Era una fábrica de hielo, “La Industrial”, de 1908, que estuvo funcionando hasta los años 60. No hubo neveras en todas las casas hasta esa época, por lo que la gente compraba hielo y se lo llevaba a las fresqueras de las casas. También queda alguna antigua farmacia de finales del XIX, como la farmacia-laboratorio Juanse, típica farmacia decorada con azulejos, que tuvo que conocer Galdós. En los adornos de esas farmacias, predominaba la imagen sobre el texto porque había mucha gente analfabeta.


El guía nos habló también de lo populares que fueron las drogas en esa época. Nos consta en obras literarias como Confesiones de un inglés comedor de opio de Thomas de Quincey (1821) y Los paraísos artificiales de Charles Baudelaire (1860).

De allí, fuimos a la plaza del Dos de Mayo, donde estaba el cuartel de artillería de Monteleón. En 1808, vinieron mil y pico soldados franceses por las calles de alrededor a intentar tomar el cuartel. Salieron muchos vecinos de sus casas a luchar contra los franceses. De los militares españoles, que tenían órdenes de no enfrentarse a los franceses, hubo dos que se sublevaron y movilizaron a otros soldados: fueron Daoíz y Velarde, verdaderos héroes que dieron su vida por nuestro país.


El barrio de Malasaña se llama así por una costurera, Manuela Malasaña, que bajó a luchar contra los franceses armada con unas tijeras. También se llama al barrio el Barrio de las Maravillas, por la iglesia que se llama así.



En este lugar, leímos todos juntos una frase de la novela de Galdós El 19 de marzo y el 2 de mayo, para animarnos a leer el libro.

Al dirigirnos a la calle de Quiñones nos fijamos en la iglesia de Montserrat, que también fue reformada por Pedro de Ribera...


...pero en esa calle nos detenemos porque hay un cartel que menciona la novela de Galdós Miau, de 1888 y, concretamente, el protagonista, Ramón Villaamil. El título se debe al mote de las protagonistas femeninas del relato, las mujeres de la familia Villaamil, por su rostro felino o gatuno y su comportamiento de ir juntas y elegantes. 


Nos avisó, también, de que es una novela que acaba mal, que es algo frecuente en el Realismo (en la realidad, las cosas no siempre acaban bien), y que es una novela excelente por el fiel retrato de la sociedad de entonces, con el desempleo, el acoso escolar… que son temas presentes hoy en día.



Allí mismo, en el edificio de enfrente, había una cárcel de mujeres. Las reclusas, entre otras cosas, eran obligadas a tejer las puñetas de los trajes de los jueces.

Llegamos a la plaza de las Comendadoras, que fue nuestra última parada. Esa plaza se llama así por el convento de las Comendadoras de Santiago. Al fondo se ve la chimenea de la antigua fábrica de Mahou. Es un lugar muy agradable, con cafeterías con terrazas y bellos edificios.





Aquí, el guía sacó los siguientes libros de su bolso y los colocó para que viésemos sus portadas: Marianela (la novela favorita de Galdós), Miau, Misericordia y un libro de fotos de Alberto García-Alix, que es un fotógrafo de la movida madrileña.

La relación del polémico fotógrafo con las novelas de Galdós fue una idea original del guía para hacernos comprender qué es el Naturalismo, el movimiento literario al que evolucionó el Realismo, cuando trató de mostrar los aspectos más crudos de la realidad. El fotógrafo García-Alix hizo una crónica fotográfica de su vida, mostrando incluso lo más sórdido y desagradable: una foto de una puñalada que le dieron, aún sangrante, que comentaba con las palabras “Por fortuna me salvé”, ya que un paquete de tabaco Fortuna detuvo en parte la puñalada; también nos mostró una foto de un hombre inyectándose heroína… Así nos mostró qué es el Naturalismo, el movimiento que divulgó en España Emilia Pardo Bazán, que conoció muy bien Benito Pérez Galdós.

Esta muestra de los aspectos más sórdidos de la realidad tenía como destinatarios a los burgueses, que eran los principales lectores de novelas y, además, los más responsables de lo que ocurría por ser los dueños de las fábricas, de las tierras, de los negocios… Nos dijo, también, que Galdós lograba hacer que la ciudad de Madrid fuese un “todo continuo” entre los personajes y los barrios, al igual que lo hizo Balzac con la ciudad de París y Dickens con Londres.

Galdós no era madrileño, pero como si lo fuese, pues amaba esta ciudad y pasó aquí la mayor parte de su vida. Nació en Gran Canaria y vino a Madrid a estudiar Derecho, que es lo que deseaban sus padres, pero no le gustó y se dedicó a escribir. No se hizo rico, pero tampoco vivió en extrema pobreza. Escribió muchísimo, hasta quedarse ciego en 1915, lo que le obligó a dictar el resto de sus novelas. Murió en 1920, bastante pobre.

Fue un artista polifacético: tocaba el piano, pintaba, dibujaba, e incluso diseñaba los muebles de su casa. No le dieron el Nobel en dos ocasiones, probablemente por su compromiso con el socialismo. Siempre defendía a los pobres.

En literatura, aportó ideas originales. Aparte del gran realismo de los diálogos de los personajes, al escuchar el propio Galdós conversaciones de la calle, en los cafés y en los tranvías, que luego reflejaba en sus personajes, tuvo ideas de metaficción, ficción dentro de la ficción, en cuanto a que un personaje es consciente de su inexistencia y se declara creado por el escritor. Esto ocurre en la novela El amigo Manso, cuyo primer capítulo se titula “Yo no existo”, donde el personaje expone su inexistencia.

Tras estas nociones de la vida y de la obra de Galdós, nuestro guía dio paso a un par de actividades muy motivadoras en las que los alumnos fueron los protagonistas. Primero, montó unas breves escenas teatrales en las que los alumnos leían fragmentos de escenas de Galdós, a las que les hizo una apertura con música de armónica. Después, y esto fue lo más original, hizo a los alumnos cantar un rap con un texto de Galdós, acercando al micrófono una base musical de rap. Una de nuestras alumnas entonó bastante bien…

Así finalizamos la salida y agradecemos sinceramente a Madrid Libro Abierto la disponibilidad de estas actividades y, sobre todo, felicitamos a Carlos Medina y a su compañera su excelente trabajo.