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jueves, 16 de octubre de 2025

Madrid galdosiano: ruta guiada de Madrid Libro Abierto

El jueves 2 de octubre de 2025 realizamos la actividad complementaria de Madrid Libro Abierto, una ruta guiada por calles del centro de Madrid relacionadas con Galdós y su obra novelística. El grupo con el que fuimos fue Nivel II Mañana, con dos profesores, Soco y Eduardo. Los guías de Madrid Libro Abierto también eran dos. Los siguientes apuntes corresponden al subgrupo que fue con el ponente Carlos Medina.

Nos reunimos en calle Fuencarral, 78, junto al metro Tribunal y el Museo de Historia de Madrid. Allí, el guía se presentó y nos comentó que íbamos a mencionar tres obras de Galdós a lo largo del recorrido: El amigo Manso, Miau y El 19 de marzo y el 2 de mayo.

Lo primero, nos hizo fijarnos en el lugar en que estábamos. A un lado y a otro de la calle había dos edificios muy distintos que representan las dos estéticas del siglo XVIII. El actual Museo de Historia de Madrid es del Barroco, de la 1ª mitad del XVIII, mientras que el Tribunal de Cuentas es del Neoclasicismo, de la 2ª mitad del XVIII. El cambio de estilo representa también un cambio en la sociedad, que se dio de forma paulatina: el paso de una sociedad estamental, propia del Antiguo Régimen, a una sociedad de clases, protagonizada por la burguesía.



El Museo de Historia era, realmente, del siglo XVII. El edificio original era el Real Hospicio de San Fernando. Un hospicio era una especie de albergue para mendigos y gente necesitada. En el siglo XVIII, Pedro de Ribera, por encargo del rey borbón Felipe V, reforma el edificio. Tiene ventanas muy grandes para aprovechar la luz. Es llamativo que tengan rejas las ventanas: el guía nos contó que, coloquialmente, a ese hospicio lo llamaban “la Cárcel”, porque se decía que quienes entraban no podían salir. Desde luego, la presencia de rejas tenía esa función de impedir entrar y salir, como en los conventos de clausura.

El edificio sólo tiene dos plantas y en la superior las ventanas no tienen rejas, y están decoradas con escudos esculpidos en relieve, que corresponden a los distintos reinos de la España de entonces.


El color rosa pastel de la fachada es propio de la transición entre el Barroco y el Neoclasicismo (1721-1726), el Rococó, movimiento artístico que surgió en Francia a principios del siglo XVIII, sucediendo al Barroco, y se caracterizó por una ornamentación elegante y delicada. Se distingue por el uso de formas curvas y asimétricas, motivos vegetales y de conchas (“rocaille”), colores pastel y dorados, y una temática centrada en la vida aristocrática, el amor galante, la naturaleza y lo cotidiano, para no ser tan solemne como el Barroco. Por eso ese llamativo color rosa.

Sin embargo, este estilo convive en España con un estilo particular nuestro, propio del final del Barroco, que es churrigueresco, llamado así por los arquitectos de la familia Churriguera, que se caracteriza por una ornamentación exuberante y abigarrada, con énfasis en el movimiento, las curvas y las figuras vegetales.

Nuestro guía, Carlos, destacó la escena teatral del relieve principal, que lamentablemente para nosotros estaba en obras, pero que pudimos ver en el dibujo de la tela que cubría los andamios. En lo alto, aparece el rey Fernando III el Santo, del siglo XIII, que unió Castilla y León, al que se le considera santo y guerrero, es decir, comprometido con la Iglesia y con el Estado, todo un modelo de gobernante. Debajo de Fernando III, se muestra la Coronación de la Virgen, famosa escena en la que a la Virgen se la corona como reina del cielo y de la tierra. Debajo de la Virgen rodeada de ángeles, aparece la corona de los Borbones sobre el escudo de España, del que cuelga el símbolo de la Insigne Orden del Toisón de Oro, una orden de caballería que fue heredada por la monarquía española, que simboliza heroísmo. A ambos lados del conjunto, con todos sus adornos, se ven recogidas las cortinas del telón, talladas en piedra, con lo que parece así una escena teatral, no tanto como si fuera mentira, sino para abrirnos la visión a cosas maravillosas.


Felipe V le pidió a Pedro de Ribera que esculpiese una exaltación de la monarquía como protectora de la humanidad y vincularla con su origen divino, para legitimar así el poder absoluto. Por eso el rey santo, la Coronación de la Virgen y la corona borbónica. Toda esta propaganda se debía a que en el siglo XVII había corrientes racionalistas que estaban cuestionando la monarquía.

Nos movimos hacia la fachada del Tribunal de Cuentas, donde tenemos lo contrario: racionalismo, simetría, equilibrio, sobriedad, limpieza… La guía del otro grupo comentó que era tan simétrico que, si se plegase el edificio por la mitad, coincidiría todo.


De allí, avanzamos hacia la calle de la Palma. Dimos saltos en el tiempo, ya que el guía nos habló del bar Penta, típico de la movida madrileña, de finales de los 70 y años 80, con el rock punk y canciones como “El bar de la chica de ayer”, de Antonio Vega, que tuvo problemas con la heroína y murió joven. Otro bar famoso es el de la Vía Láctea.

En esta calle, además, entramos en pleno siglo XIX. En esta época, protagonizaban la sociedad las clases medias y la burguesía. Pero retrocedemos un poco más: en el siglo XVII, este barrio, Malasaña, nace con algunas iglesias y conventos, por ser una zona tranquila, así que también aprovechó la nobleza para construirse palacios. Hay 23 palacios en Malasaña. En uno de ellos vive Esperanza Aguirre.

Con la industrialización y el desarrollo urbanístico del siglo XIX, crece el barrio. Casi todas las viviendas que vemos ahí son de ese siglo. El guía nos dice que nos imaginemos, por un momento, a unos mil soldados franceses cruzando la calle, en 1808…

Y de nuevo volvemos al siglo XX, y al auge de creatividad con la movida madrileña. A todos nos sonarán nombres como Alaska y Pedro Almodóvar. Se reunían ellos y muchos otros en el número 14 de la calle de la Palma. La primera banda punky de Alaska se llamaba “Kaka Deluxe”. Todo esto aparece por el final del franquismo, cuando se acabó la represión y los artistas eran libres. Veían lo que hacían en Londres y Nueva York y lo copiaban o adaptaban. Ahora, en esta calle, hay tiendas de moda vintage, de ropa antigua, y sigue siendo un barrio de gran diversidad social, de artistas, de gente del cine…


Aquí empezamos a hablar de Benito Pérez Galdós. Cada persona y cada parte del decorado que vemos parece servir para incluirlo en una novela. Así lo dijo Galdós en su discurso de ingreso en la RAE, “La sociedad presente como materia novelable”, en 1889. Todo es novelable, y vemos lo mismo que veía Galdós en estos edificios: fachadas con decoraciones de escayola, balcones con hierro forjado… El hierro forjado es muy típico del siglo XIX, como la estación de Atocha, el mercado de San Miguel…


En estas casas, los más pobres vivían en las partes altas de los edificios, mientras que los ricos vivían en las bajas. Esto era así porque eran muy frecuentes los incendios y las partes bajas eran más seguras para escapar o sacar objetos de valor.

En la calle San Andrés, vemos un edificio en ruinas, de ladrillo, de estilo neomudéjar, que es algo propio de las fábricas españolas de la época. Era una fábrica de hielo, “La Industrial”, de 1908, que estuvo funcionando hasta los años 60. No hubo neveras en todas las casas hasta esa época, por lo que la gente compraba hielo y se lo llevaba a las fresqueras de las casas. También queda alguna antigua farmacia de finales del XIX, como la farmacia-laboratorio Juanse, típica farmacia decorada con azulejos, que tuvo que conocer Galdós. En los adornos de esas farmacias, predominaba la imagen sobre el texto porque había mucha gente analfabeta.


El guía nos habló también de lo populares que fueron las drogas en esa época. Nos consta en obras literarias como Confesiones de un inglés comedor de opio de Thomas de Quincey (1821) y Los paraísos artificiales de Charles Baudelaire (1860).

De allí, fuimos a la plaza del Dos de Mayo, donde estaba el cuartel de artillería de Monteleón. En 1808, vinieron mil y pico soldados franceses por las calles de alrededor a intentar tomar el cuartel. Salieron muchos vecinos de sus casas a luchar contra los franceses. De los militares españoles, que tenían órdenes de no enfrentarse a los franceses, hubo dos que se sublevaron y movilizaron a otros soldados: fueron Daoíz y Velarde, verdaderos héroes que dieron su vida por nuestro país.


El barrio de Malasaña se llama así por una costurera, Manuela Malasaña, que bajó a luchar contra los franceses armada con unas tijeras. También se llama al barrio el Barrio de las Maravillas, por la iglesia que se llama así.



En este lugar, leímos todos juntos una frase de la novela de Galdós El 19 de marzo y el 2 de mayo, para animarnos a leer el libro.

Al dirigirnos a la calle de Quiñones nos fijamos en la iglesia de Montserrat, que también fue reformada por Pedro de Ribera...


...pero en esa calle nos detenemos porque hay un cartel que menciona la novela de Galdós Miau, de 1888 y, concretamente, el protagonista, Ramón Villaamil. El título se debe al mote de las protagonistas femeninas del relato, las mujeres de la familia Villaamil, por su rostro felino o gatuno y su comportamiento de ir juntas y elegantes. 


Nos avisó, también, de que es una novela que acaba mal, que es algo frecuente en el Realismo (en la realidad, las cosas no siempre acaban bien), y que es una novela excelente por el fiel retrato de la sociedad de entonces, con el desempleo, el acoso escolar… que son temas presentes hoy en día.



Allí mismo, en el edificio de enfrente, había una cárcel de mujeres. Las reclusas, entre otras cosas, eran obligadas a tejer las puñetas de los trajes de los jueces.

Llegamos a la plaza de las Comendadoras, que fue nuestra última parada. Esa plaza se llama así por el convento de las Comendadoras de Santiago. Al fondo se ve la chimenea de la antigua fábrica de Mahou. Es un lugar muy agradable, con cafeterías con terrazas y bellos edificios.





Aquí, el guía sacó los siguientes libros de su bolso y los colocó para que viésemos sus portadas: Marianela (la novela favorita de Galdós), Miau, Misericordia y un libro de fotos de Alberto García-Alix, que es un fotógrafo de la movida madrileña.

La relación del polémico fotógrafo con las novelas de Galdós fue una idea original del guía para hacernos comprender qué es el Naturalismo, el movimiento literario al que evolucionó el Realismo, cuando trató de mostrar los aspectos más crudos de la realidad. El fotógrafo García-Alix hizo una crónica fotográfica de su vida, mostrando incluso lo más sórdido y desagradable: una foto de una puñalada que le dieron, aún sangrante, que comentaba con las palabras “Por fortuna me salvé”, ya que un paquete de tabaco Fortuna detuvo en parte la puñalada; también nos mostró una foto de un hombre inyectándose heroína… Así nos mostró qué es el Naturalismo, el movimiento que divulgó en España Emilia Pardo Bazán, que conoció muy bien Benito Pérez Galdós.

Esta muestra de los aspectos más sórdidos de la realidad tenía como destinatarios a los burgueses, que eran los principales lectores de novelas y, además, los más responsables de lo que ocurría por ser los dueños de las fábricas, de las tierras, de los negocios… Nos dijo, también, que Galdós lograba hacer que la ciudad de Madrid fuese un “todo continuo” entre los personajes y los barrios, al igual que lo hizo Balzac con la ciudad de París y Dickens con Londres.

Galdós no era madrileño, pero como si lo fuese, pues amaba esta ciudad y pasó aquí la mayor parte de su vida. Nació en Gran Canaria y vino a Madrid a estudiar Derecho, que es lo que deseaban sus padres, pero no le gustó y se dedicó a escribir. No se hizo rico, pero tampoco vivió en extrema pobreza. Escribió muchísimo, hasta quedarse ciego en 1915, lo que le obligó a dictar el resto de sus novelas. Murió en 1920, bastante pobre.

Fue un artista polifacético: tocaba el piano, pintaba, dibujaba, e incluso diseñaba los muebles de su casa. No le dieron el Nobel en dos ocasiones, probablemente por su compromiso con el socialismo. Siempre defendía a los pobres.

En literatura, aportó ideas originales. Aparte del gran realismo de los diálogos de los personajes, al escuchar el propio Galdós conversaciones de la calle, en los cafés y en los tranvías, que luego reflejaba en sus personajes, tuvo ideas de metaficción, ficción dentro de la ficción, en cuanto a que un personaje es consciente de su inexistencia y se declara creado por el escritor. Esto ocurre en la novela El amigo Manso, cuyo primer capítulo se titula “Yo no existo”, donde el personaje expone su inexistencia.

Tras estas nociones de la vida y de la obra de Galdós, nuestro guía dio paso a un par de actividades muy motivadoras en las que los alumnos fueron los protagonistas. Primero, montó unas breves escenas teatrales en las que los alumnos leían fragmentos de escenas de Galdós, a las que les hizo una apertura con música de armónica. Después, y esto fue lo más original, hizo a los alumnos cantar un rap con un texto de Galdós, acercando al micrófono una base musical de rap. Una de nuestras alumnas entonó bastante bien…

Así finalizamos la salida y agradecemos sinceramente a Madrid Libro Abierto la disponibilidad de estas actividades y, sobre todo, felicitamos a Carlos Medina y a su compañera su excelente trabajo.




sábado, 1 de marzo de 2025

"Me tiraste un limón", de Miguel Hernández

 A colación del insuperable vídeo de Jesús G. Maestro, me he propuesto intentar comentar el célebre poema de Miguel Hernández, brevemente, con una orientación más de enseñanza media o bachillerato y con unas aportaciones mías.

Dejo aquí el vídeo del famoso profesor:



Él no me conoce a mí, pese a que lo vi una vez en Madrid y lo sigo desde hace unos ocho años, escuchándolo casi todos los días. Soy discípulo en cuanto a lo racional y científico de la interpretación literaria se refiere, hasta donde me es posible. En otros aspectos, albergo dudas y no puedo seguir sus argumentos con convencimiento. Pero ya pensaré en ello y tal vez me atreva a dejar por escrito mi visión del asunto. De todos modos, él estaría orgulloso de hacer pensar a la gente y no de convencerla para que lo sigan, ya que no quiere seguidores, sino "hacer que la literatura tenga valor". Y lo consigue cada día.

El caso que nos atañe ahora es el genial poema de Miguel Hernández, que dice así:


Me tiraste un limón

Me tiraste un limón, y tan amargo,

con una mano cálida, y tan pura,

que no menoscabó su arquitectura

y probé su amargura sin embargo.


Con el golpe amarillo, de un letargo

dulce pasó a una ansiosa calentura

mi sangre, que sintió la mordedura

de una punta de seno duro y largo.

 

Pero al mirarte y verte la sonrisa

que te produjo el limonado hecho,

a mi voraz malicia tan ajena,

 

se me durmió la sangre en la camisa,

y se volvió el poroso y áureo pecho

una picuda y deslumbrante pena.

No voy a contar aquí la vida de Miguel Hernández, ni nada de su obra, de su estilo, de las vanguardias ni de la generación del 27. Todo eso se puede encontrar en cualquier parte.

Y ahora tengo que volver a citar, como he hecho muchas otras veces, a mi otro gran maestro, anterior en mi vida, cronológicamente, al citado Jesús G. Maestro, pues este otro fue profesor mío en la UNED en Madrid, primero en Filología Hispánica y luego en el Máster de Formación e Investigación Literaria, así como mi tutor del TFM. Me refiero a Juan Victorio. La foto que me hice con él en Ordesa se ha hecho muy famosa:


Parece que estoy hablando más de mí que del poema de Miguel Hernández, pero, para justificarme, hay que decir que esto es un blog, donde el autor puede contar lo que le venga a la cabeza y, por otro lado, estoy contextualizando la forma en que el intérprete o transductor del poema va a interpretarlo, siendo yo, ahora, dicho intérprete, con lo que así explico de dónde vienen mis ideas.

Juan Victorio nos enseñó, ante todo, que el decorado de un poema lírico es siempre simbólico. Cuando leí a otros autores, acepté que también podía ser real, de ahí que hablaran de "la doble naturaleza del símbolo", la parte física y real, por un lado, y la connotación que tiene, por otro. Una profesora de mi edad, también de la UNED, que me caía muy bien y me ayudó en alguna cosa, María Martos, insistía en que "si el poema dice que hay un río, es que hay un río", dando más peso a la parte real que a la hermenéutica de Juan Victorio, así que me quedo con las dos. No es incompatible.

Es lo que ocurre con el poema del limón de Miguel Hernández. Hay datos de que fue una anécdota real, de que quien iba a ser su mujer y madre de su hijo, Josefina Manresa, le tiró un limón, que le dio y le dolió, así que la muchacha debía de tener fuerza y puntería. Pero un poeta sabe hacer obras de arte de cualquier anécdota, haciendo de su vida una obra de arte. Para un entendido en poesía como Miguel Hernández, aquel hecho le hizo resonar una serie de conexiones con la poesía clásica española del Siglo de Oro y de antes, de la Edad Media, como nos hace también a quienes leemos su soneto.

Para no olvidar mi intención didáctica de cómo comentar este poema, me sirvo otra vez de Juan Victorio, que ofrecía este esquema simplificado de comentario de texto:

- Tema.
- Estructura.
- Recursos.
- Comentario.

Otro profesor que tuve, Pablo César Moya Casas (los cito a todos porque dejaron en mí su huella, porque la enseñanza es algo que valoro infinitamente, y porque echo de menos tener buenos profesores), decía que había que empezar con una contextualización, es decir, hablar de la época, del movimiento literario, del autor, de su obra, etc. También, con los libros que usé dando Bachillerato, dividí la estructura en dos:

-Estructura externa: la forma del poema, qué tipo de estrofa es, número de versos, métrica, rima, etc.
-Estructura interna: cómo se divide el contenido del poema internamente, es decir, en qué partes puede dividirse.


En las oposiciones, también vi que los recursos lingüísticos y las figuras retóricas son un tema muy extenso, y que también hay que abordar por partes. Pero no voy a meterme ahí en este momento.

He aquí cómo podemos contestar a las partes del comentario mencionadas:

-Tema: "Golpe de atracción amorosa". Una versión más extensa y detallada sería: "Golpe de un limón a un poeta por su amada, con el efecto en aquél de excitación y, a la vez, de enamoramiento triste".

-Estructura externa: soneto clásico. Catorce versos endecasílabos con rima consonante, esquema ABBA ABBA CDE CDE. (En otras ocasiones, ya expliqué que la estructura externa, que corresponde a la forma, es mejor ponerla antes del tema, para abordar el comentario en el orden 1) forma y 2) contenido).

-Estructura interna:
- Primera parte: los dos cuartetos. El poeta sufre el impacto de un limón arrojado por su amada y se excita sexualmente.
- Segunda parte: los dos tercetos. Tras la conjunción adversativa "pero", y tras el lanzamiento del limón, el poeta se queda prendado de la sonrisa de la mujer, se sosiega y la excitación se torna en enamoramiento que augura tristeza, al acabar con la palabra "pena".

Este final concentra una constante en la obra de Miguel Hernández, la del sufrimiento de vivir, con tanto dolor que siempre hay en la vida. Todo acaba en pérdida. Para amar hay que estar preparado para sufrir, para pasar miedo, culpa, celos, dudas, y todo lo que decía Lope de Vega en "Quien lo probó lo sabe". Hernández también hablaba del sufrimiento constante en el poema que da título a su mejor poemario, "El rayo que no cesa", que también comenta Jesús G. Maestro.

En recursos, me permito presentar anotaciones en el poema, que en ningún caso sirve como trabajo final, sino como borrador de lo que vamos a decir. Sin embargo, cuando mando comentar un poema en un examen, la mayoría de mis alumnos me hacen esto, garabatear en el poema, y muy pocos exponen debidamente esos datos en la hoja.

Como decía Juan Victorio, no queda mal combinar el apartado de recursos con el de comentario. Se pueden buscar figuras retóricas y aspectos lingüísticos reseñables en cada verso o cada estrofa y aprovechar a comentar algo al respecto. De todos modos, cuando terminemos, conviene añadir un apartado de conclusiones o un párrafo de cierre.

Así que vamos a hacerlo. Vayamos verso a verso y estrofa por estrofa:

Primer cuarteto
Verso 1
"Me tiraste un limón". Nada más comenzar, destaca la función apelativa a un "tú" lírico, lo que se conoce como "lírica del vocativo", que en este caso no cita apenas pronombres (se verán en el primer terceto), omitiendo el sujeto, ni tampoco apostrofa a la amada, aunque sepamos que es Josefina Manresa. La expresión amorosa dirigida hacia afuera, a un "tú", sobre todo cuando se trata de una persona real, remite a una larga tradición literaria, con gran peso del amor cortés medieval, y también conecta con ideas filosóficas de lo benéfico del amor al atenuarse el ego por amar a otra persona, como explicaba Byung-Chul Han en La agonía del Eros
El limón, por su parte, es un símbolo que también es de una larga tradición. Alude al goce sexual con alguien joven, por su sabor intenso, por ser "el fruto que nunca madura", porque siempre está ácido y nunca llega a estar dulce. La tradición literaria demuestra este hecho:

Gentil caballero,
dédesme hora un beso:
siquiera por el daño 
que me habéis hecho.

Venía el caballero,
venía de Sevilla,
en huerta de monjas
limones cogía,
y la prioresa
prenda le pedía:
“siquiera por el daño
que me habéis hecho”.

"Coger limones" es tener relaciones con mujeres jóvenes (monjas), provocando celos en la prioresa. En otros textos líricos donde se menciona el limón, tiene el mismo sentido:

Por las riberas del río
limones coge la virgo.
Limones coge la virgo
para dar al su amigo.

Es decir, que la chica joven (virgo) le da "limones" a su amigo: le da placer sexual.

Y las jóvenes que están bien casadas y disfrutan con un novio joven, están así de bien, en contraposición a quien no puede disfrutar:

Lávanse las casadas
con agua de limones;
lávome yo, cuitada,
con penas y dolores.

De manera que todo el poema va a girar en torno al poderoso símbolo erótico que es el limón.

"...y tan amargo": la conjunción totalmente innecesaria provoca extrañamiento, una especie de polisíndeton sin haber otra "y" antes, que hace que el sintagma añadido gane peso. No es nuevo insertar conjunciones innecesarias y casi agramaticales en poesía, pues ya lo hacía Lope de Vega:

Es la mujer del hombre lo más bueno, 
y locura decir que lo más malo, 
su vida suele ser y su regalo, 
su muerte suele ser y su veneno.

Aparte de conseguir la sílaba necesaria para el endecasílabo, se gana atracción sobre el texto (función poética) y parece resonar gracias al paralelismo con el verso siguiente.

Verso 2
"con una mano cálida, y tan pura". Llama la atención el adjetivo "cálida", que es claramente subjetivo, pero no va antepuesto al sustantivo como suele ocurrir. Equivale a "una cálida mano", pero de nuevo el poeta se sale de los cánones fingiendo especificativo un adjetivo explicativo, valorativo, pues esa mano es cálida para él, desde su punto de vista.
Hay una antítesis entre "limón" (v. 1) y "mano cálida" (v. 2): el limón es fresco y la mano es cálida, por lo que es llamativo ese contraste.
El paralelismo entre "y tan amargo" (v. 1) e "y tan pura" (v. 2) logra musicalidad nada más empezar el poema y, lo que es más importante, el paralelismo semántico entre el limón y ella, la mujer, en ese momento representada solamente por su mano, que es una sinécdoque de toda ella. Entendemos desde este instante que ella es como ese limón.

Verso 3
"que no menoscabó su arquitectura". "Arquitectura" es un término metafórico para referirse a la belleza de su mano.

Verso 4
"y probé su amargura sin embargo". Resalta la similicadencia de rimas en -ura, con "pura", "arquitectura" y "amargura", muy sonoras. Esos sonidos imprimen una huella en el lector y parecen sugerir algo en lo cual se insiste, como explicaba Dámaso Alonso siguiendo la corriente de la estilística, con el célebre ejemplo de Góngora, "infame turba de nocturnas aves", con esa pesada sílaba "tur".

"Amargura" forma una derivación con "amargo". No hay que confundir el políptoton, que es la cita de dos palabras que se diferencian por sus morfemas flexivos, con la derivación, que es con morfemas derivativos. La repetición del lexema en amargo-amargura insiste en ese sabor, tan característico del limón, pero también puede haber dilogía, al entenderse la amargura tanto como el sabor como el estado anímico.

"Sin embargo" quiere decir sin impedimento, sin obstáculos, que probó "bien" ese limón, y el golpe le dio de lleno.

Segundo cuarteto
Verso 5
"Con el golpe amarillo, de un letargo". "Golpe amarillo" es una sinestesia, al combinarse una sensación táctil (golpe) con una visual (el color), pero a la que podría añadirse también el sabor, puesto que el color amarillo, de por sí, sugiere amargor, porque la palabra ha evolucionado de ese término: amarus > amargo > amarguillo > amarillo. 

Verso 6
"dulce pasó a una ansiosa calentura". Hay un encabalgamiento abrupto entre los versos 5 y 6, como los habrá también entre los demás versos de toda la estrofa. Dan fluidez al discurso y permiten el desarrollo de la idea, que no cabe en un verso.
"Letargo dulce" (vv. 5-6): el adjetivo vuelve a ser como el referido en el verso 2, es subjetivo, por lo que debería decir "dulce letargo", pero sorprende más al estar detrás del sustantivo.
"Dulce" forma antítesis con el amargor del limón, que se ha repetido en la primera estrofa.
"Letargo dulce" también contrasta, en otra antítesis, con "ansiosa calentura": el sosiego se opone al deseo febril.
"Ansiosa calentura" es metáfora de 'excitación sexual'. De nuevo, contrasta la "calentura", el calor, la fiebre, con el frescor del limón, que alivia la excitación (satisfacción sexual).

Verso 7
"mi sangre, que sintió la mordedura". De nuevo encabalgamiento, muy abrupto, entre los vv. 6 y 7, y hay un hipérbaton porque "mi sangre", que es el sujeto de la oración, debería ir al principio: "Mi sangre pasó de un letargo dulce a una ansiosa calentura".
"Mi sangre" es una sinécdoque: es él, o su corazón.

Versos 7 y 8
"la mordedura / de una punta de seno duro y largo". Encabalgamiento entre los versos 7 y 8, generando expectación sobre de qué es la mordedura, que hay que leer en el verso siguiente. El sintagma preposicional extiende la metáfora en todo el endecasílabo.
"Mordedura de una punta de seno" es una figura retórica compleja. Por un lado, el golpe del limón de con uno de sus picos duele como una mordedura, por lo que consta esa metáfora. Por otro lado, hay una hipálage, una conmutación de actos y efectos, pues el seno no es el que muerde, sino que es el amante el que muerde el seno en un acto erótico, pero así queda mucho más disimulado. 
Toda esa "mordedura de una punta de seno duro y largo" es una metáfora de la excitación sexual que provoca la mujer con el simbólico acto de tirar el limón. Es el pezón de ella el limón. Hay una relación de identidad. Son metáforas dentro de metáforas: la punta del pezón es la punta del limón, pero también a la inversa.

Primer terceto
Verso 9
"Pero al mirarte y verte la sonrisa". La conjunción adversativa "pero" va a dar un giro semántico al poema. Toda la sexualidad desbocada se tornará en un estado amoroso sereno y racional. 
Destacan los tres pronombres personales átonos "te", que tanta atención concentran en la amada del poeta, a la que invoca así: "mirarte", "verte" (v. 9), "que te produjo" (v. 10).
En encabalgamiento entre los versos 9 y 10 es mucho más sutil: "la sonrisa / que te produjo...". 

Verso 10
"que te produjo el limonado hecho". Un verso sencillo, con humor en la manera de referirse al golpe del limón arrojado, "el limonado hecho", con el adjetivo inventado, como haría Quevedo, que acuñaba muchos términos graciosos: por ejemplo "batalla nabal" (de tirarse nabos, en El Buscón).

Verso 11
"a mi voraz malicia tan ajena". "Voraz malicia" es metáfora del deseo sexual. Además, hay una paradoja entre en determinante posesivo "mi" y "tan ajena", como que algo suyo no es suyo, como diciendo que él no es realmente él cuando siente ese deseo sexual.

Segundo terceto
Verso 12
"se me durmió la sangre en la camisa". Hay una personificación o prosopopeya en "se me durmió la sangre", porque la sangre no duerme. Pero es mucho más complejo. "Se me durmió la sangre" es una metáfora de "se sosegó mi corazón", es decir, que se calmó. La "sangre" es el brío o capacidad de estimularse. Siempre se ha dicho que, cuando alguien "no tiene sangre en las venas", es insensible o inhumano.
"La camisa" es una metáfora compleja de larga tradición. Es casi una metonimia, porque la camisa es una parte del amado y lo define, por ser una prenda pegada al cuerpo. En la Edad Media, una camisa era casi una prenda íntima, delicada y más cara que cualquier otra prenda.

La mención de las camisas como metonimias del amado están en la lírica popular gallega:

Levantou-s’a velida,
levantou-s’alva,
e vai lavar camisas
eno alto:
vai-las lavar alva.

(Levantose bella, levantose al alba, y va a lavar camisas en lo alto, va a lavarlas al alba.)

Explicaba Juan Victorio que, en ese poema, y en otros en que se habla de lavar camisas, puesto que lavar, mojarse o beber aguas limpias y frescas representa la satisfacción amorosa, el hecho de lavar camisas significa tener amores. Además, el alba simboliza la juventud, y estar en lo alto, también suele aludir, en ese contexto, al disfrute erótico.

Esta es mi aportación al comentario de Jesús G. Maestro. Que hable Miguel Hernández de "la camisa" es una alusión a la poesía lírica tradicional. Y la camisa, además, envuelve al pecho, sede del corazón, y no es casual que Garcilaso de la Vega, y Boscán antes que él, hablaran tanto de telas y de hábitos como atuendos relacionados con el amor.

Por eso, las interpretaciones freudianas de la camisa como prepucio, de lo que se burla con razón Jesús G. Maestro, no tienen sentido, y hablan más de la depravación de los intérpretes del poema que del propio poema. Aquí, por ejemplo, dicen que la camisa es el sexo masculino: 


Verso 13
"y se volvió el poroso y áureo pecho". Metáfora del pezón, otra vez asemejado con un limón, que, a su vez, quedan identificados el uno con el otro, con todo el simbolismo de la satisfacción sexual que proporciona una mujer joven con los pezones duros (perdón por lo explícito, pero es así).

Verso 14
"una picuda y deslumbrante pena". Son adjetivos muy originales y vanguardistas, también metafóricos, pero choca, sobre todo, lo visual y táctil de estos adjetivos físicos con el término "pena" que es abstracto. Pablo Neruda escribió en alguna parte algo como "un poeta es alguien que une un sustantivo y un adjetivo que jamás han estado juntos".

Esa mención final de la pena es, como se mencionó al principio, una aceptación de que la vida es dolor y sufrimiento, que todo desemboca en pérdidas. El amor se termina, la vida se termina. Si el poeta se quedara sólo con la excitación sexual o un amor ideal, sólo vería una primera capa de la realidad, cuando es mucho más profunda. Por eso Miguel Hernández habla tanto de dolor y de pena: "Tengo estos huesos hechos a las penas" (que es otro de mis sonetos favoritos), "No cesará este rayo que me habita"... No deja de contemplar los dos extremos de la existencia, el goce y el dolor, la ilusión y la pérdida. Como gran heredero de la tradición barroca, siempre tiene en cuenta la mayor aportación de España al mundo: el desengaño. Se desengaña como Quevedo, que sabe que detrás de todo está la muerte.



 

jueves, 28 de enero de 2021

Comentario de "Sed de amores tenía", de Rosalía de Castro

 

“Sed de amores tenía”, de Rosalía de Castro (LXXXIX, En las orillas del Sar, 1909)

 







Sed de amores tenía, y dejaste 10-                                       

que la apagase en tu boca, 8a                                               

¡piadosa samaritana! 8-                                                         Primera parte

Y te encontraste sin honra, 8a                                                          

5          ignorando que hay labios que secan 10-                              

y que manchan cuanto tocan. 8a


¡Lo ignorabas... y ahora lo sabes! 10-

Pero yo sé también, pecadora 10A                                       

compasiva, porque a veces 8-                                              

10        hay compasiones traidoras, 8a                                              Segunda parte

que si el sediento volviese 8-                                               

a implorar misericordia, 8a                                                  

su sed de nuevo apagaras, 8-                                    

samaritana piadosa. 8a                                                         


15        No volverá, te lo juro; 8-                                          

desde que una fuente enlodan 8a                                          Tercera parte

con su pico esas aves de paso, 10-                                       

se van a beber a otra. 8a                                                       

 

Contextualización: tipo de texto, género, movimiento literario, autor, obras, estilo.

El texto está en verso y es de género lírico, pues trata de sentimientos. Pertenece al movimiento literario del Romanticismo, que se caracteriza por el subjetivismo, la evasión de la realidad, el simbolismo de la naturaleza, la exaltación de las emociones, el irracionalismo y la libertad creadora (por ejemplo, en la polimetría de los versos).

La autora del poema es Rosalía de Castro, poeta gallega de la segunda mitad del siglo XIX, muy vinculada a su tierra natal. Escribió obras en gallego, pero en su madurez escribió en español su libro En las orillas del Sar, al que pertenece este poema. Es una obra de tono pesimista en la que predomina el conflicto entre los sueños y la realidad.


Resumen

El poema es una reflexión sobre una experiencia amorosa en la que la poeta se sintió traicionada, pero, al mismo tiempo, reconoce que volvería a conceder amores a ese hombre si se lo volviese a pedir. Se percibe que lo echa de menos, aunque también lo desprecia. Es un conflicto de sentimientos.


Tema

Podría enunciarse el tema de este modo: “deseo y desprecio de un amor traicionero”. Otra posible forma de expresarlo sería: “conflicto interno entre esperanza y repulsa amorosas hacia un hombre que deshonró a la poeta en el pasado”.


Estructura interna: en qué partes se divide según lo que trate, resumen de cada una

El poema, internamente, se divide en tres partes:

Primera parte: versos 1 al 7. La poeta se amonesta a sí misma por el error de haberle concedido amor físico a un hombre que luego la deshonró.

Segunda parte: versos 8 al 14. En contraposición a lo anterior, reconoce tener el sentimiento contradictorio de que volvería a complacer a ese hombre si pudiera.

Tercera parte: versos 15 al 18. Finalmente, se autoconvence de que ese tipo de hombres no vuelven y se van a buscar otras mujeres para aprovecharse de ellas.

 

Estructura externa: explicar el esquema métrico

Externamente, el poema está formado por dieciocho versos, la mayoría octosílabos, pero con algunos decasílabos, en disposición libre. La rima es asonante, con las vocales o-a, en los versos pares.


Análisis lingüístico: campos semánticos, categorías gramaticales, funciones del lenguaje y figuras retóricas

Se podrían citar los siguientes campos semánticos[1]:

a) Necesidad: sed, sediento, implorar.

b) Satisfacción amorosa: amores, boca, labios, tocan, fuente, beber.

c) Virtud moral: piadosa samaritana, compasiva, compasiones, misericordia.

d) Inmoralidad: sin honra, secan, manchan, pecadora, traidoras, enlodan.

Los dos primeros, a y b, pueden agruparse en uno (“necesidad y satisfacción amorosas”). Los dos segundos, c y d, también (“moralidad e inmoralidad”).

Respecto a la observación de las categorías gramaticales, los sustantivos concretos y abstractos están repartidos más o menos equitativamente. Destacan los concretos “boca”, “labios”, “pecadora”, “sediento”, que expresan claramente que hubo amor físico, y los abstractos “amores”, “compasiones”, “misericordia”, “honra”, que expresan los sentimientos e implicaciones morales de ese amor.

Los verbos están en tres tiempos, principalmente, repartidos de acuerdo a la estructura interna: en la primera parte destacan los verbos en pretérito y en presente: “dejaste”, “encontraste”, “ignorabas”… frente a “secan”, “manchan”, “sabes”, por lo que está contraponiendo hechos pasados con presentes. En la segunda parte, destacan los verbos en subjuntivo: “volviese” y “apagaras” (éste con valor de condicional, “apagarías”), con los que se está planteando una hipótesis. En la tercera, aparece el futuro, “no volverá” y de nuevo retorna al presente, “juro”, “enlodan”, “van”.

Las funciones del lenguaje predominantes en el texto son la función expresiva, mediante el uso de la primera persona (“yo sé”), en las exclamaciones y en que la poeta está expresando su propia opinión sobre la experiencia vivida. La función apelativa aparece en el uso de la segunda persona: “dejaste”, “te encontraste”, “apagaras”, que se confunde con la función expresiva porque la poeta está hablando consigo misma. La función poética se manifiesta en la clara intención de embellecer el lenguaje mediante el uso de las siguientes figuras retóricas:

Hipérbaton: “sed de amores tenía” (v. 1). El orden lógico es “Tenía sed de amores”. También en el v. 13: “su sed de nuevo apagaras”à “apagaras de nuevo”. Y en el verso 16: “una fuente enlodan” à “enlodan una fuente”.

Encabalgamiento: entre los versos 1 y 2, 5 y 6, 8 y 9, 11 y 12, 16 y 17.

Metáfora: “sed” equivale a ‘necesidad’, ‘deseo’, vv. 1 y 13.

Epíteto: “piadosa samaritana”, v. 3, porque una samaritana es una persona que ayuda, de modo que se supone que es piadosa.

Sinécdoque: metáfora de la parte por el todo, “labios” equivale a “hombre, amante”, en el verso 6.

Paralelismo: “que secan” y “que manchan”, pron. relativo + verbo (vv. 5 y 6).

Hipérbole: “que secan y que manchan cuanto tocan” (vv. 5 y 6) es una exageración.

Antítesis: “Ignorabas…/sabes” (v. 7).

Personificación: “compasiones traidoras” (v. 10), porque la traición es propia de seres humanos. Pero también podría considerarse una paradoja o un oxímoron, al unirse un sentimiento bueno (la compasión) con un efecto malo (la traición).

Símbolo: “fuente” (v. 16). Un símbolo en poesía lírica es un elemento de la naturaleza que representa un concepto (=algo abstracto). La fuente es la satisfacción amorosa, el placer del amor. La fuente es lo que sacia la sed de amores. Cuando alguien, al satisfacerse, ensucia o enloda la fuente, quiere decir que lo estropea, lo deja inservible (deshonrando a la mujer, por ejemplo).

“Aves” (v. 17) puede ser símbolo porque tradicionalmente significa “ilusiones amorosas”, o lo podemos considerar metáfora si con “aves de paso” nos referimos a las personas que buscan amores ocasionales, sin compromiso.

 

Comentario

El poema confluye adecuadamente en la corriente romántica sobre todo por el irracionalismo, ya que muestra un conflicto entre sentimientos contradictorios: el del ego herido de ella, más racional, y el del deseo de satisfacción amorosa, más emocional.

Se puede relacionar este poema con la figura de don Juan Tenorio, personaje literario revitalizado en la obra de José Zorrilla, muy apreciado por los románticos por su carácter rebelde y libertino, en contra de las normas de la sociedad. Aquí la poeta es víctima de un don Juan, pero, como siempre ocurre con este personaje, es tan odiado como deseado.

 Un comentario más profundo relacionado con las alusiones a la poesía tradicional y la tesis de anteponer el disfrute amoroso a sus consecuencias puede leerse en esta otra entrada:

https://elcandildelfilosofo.blogspot.com/2020/02/aves-de-paso.html


P. S.: Este comentario está orientado a 4º de ESO. Si hay imprecisiones o necesita correcciones, pueden deberse a la adecuación a dicho nivel.



[1] Los campos semánticos deberían ser de la misma categoría gramatical. Aquí usamos esa nomenclatura por sencillez, pero, al ser palabras de distintas categorías, el término correcto es el de isotopías textuales.