miércoles, 28 de junio de 2017

Poesías 2003-2017



Poesías 2003-2017


Todo lo que he ido copiando aquí, en este medio abierto al público, no pretende ni el aplauso ni las críticas de nadie. Esto es mi álbum de recuerdos, únicamente censurado en el límite del decoro. Me refiero a las poesías muy personales e infantiles, cuya calidad no me vale ni a mí. Pero de todo lo malo que hay aquí disponible, no me avergüenzo de nada. A los amigos que me conocen bien quizá les guste ver estas breves instantáneas de mi vida, nacidas frecuentemente de atisbos de deseo amoroso, que quedan aquí como fósiles inservibles, inertes, de algo que quizá nunca estuvo vivo.
La fecha de inicio de 2003 la considero determinante por ser aquélla en la que empecé a trabajar. Todo lo anterior era idílica infancia.
Aprovecho para reírme de algún poema flojo con algún pie de foto o comentario.
No incluyo el largo poema "Galatea en piedra", publicado por separado en otra entrada.

***


Portales (2003)
Cuando tenía pelo (2003).

Recuerdo un portal en Cuatro Caminos,
pobre, oscuro, callado, polvoriento,
oídos avizor por si vecinos
vinieran a robarnos el momento.

El mismo portal en Cuatro Caminos,
después de faenar seguro y sin viento
fue mal puerto del palpable destino
de escaleras de lloros y lamentos.

Ha llovido, recuerdo otros portales,
otros corazones con cardenales,
otro adiós con la luz de la cizaña.

El instinto grita, la vista engaña.
Ahora, cien años después, suspiro.
Ahora, cien años después, escribo.



Historia: acababa de entrar a trabajar en Iberia. Yo tenía 22 años y prácticamente no había conocido mujeres, lo cual fue motivo de burla (alegre, sin que me cause rencor) de algunos compañeros. Ya fuera saliendo con ellos o con mis aún presentes compañeros del instituto Mariana Pineda (Moratalaz, Madrid), dedicaba bastantes noches a la ardua tarea de la búsqueda de compañía femenina. Como suele pasar, eligen ellas, y por fin me tocó. La historia duró poco. Empezó en un pub de Alonso Martínez, transcurrió en su domicilio en Cuatro Caminos, y allí terminó.


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Cuerpo frágil (2005)

Cuerpo frágil.
Me gustaría abrazar tus huesos de pájaro,
cambiar calor contigo, tiempo,
como si nos encontrásemos en una llanura de nieve sucia.
Pero es peor que eso, parece
que estuviéramos en un desguace abandonado.
Tus hombros pequeños,
hechos a tu mochila protectora
a veces se olvidaron de multar
el aparcamiento de mi barbilla solícita.

Como quien lame sediento una fruta sin morderla.
Quién sabe,
si tu carne de helechos y eucaliptus fuera comestible.

Te has parado en ti misma.
Pero en mí creces como
a un niño los dientes impolutos y vírgenes.

Vas construyendo tu imagen
en el corazón o recuerdo de otros,
en patios interiores y privados.

(Hay una parra de
uvas demasiado altas
y del color de tus ojos.)

Historia: en los primeros años de mis estudios de Filología Eslava una muchacha gallega, de ojos verdes, me deleitó con su amistad. Amistad sin más.

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El peso (Escrito el 19/04/05 en una conferencia sobre el Quijote en la literatura polaca.)

Sus dedos palpan y oprimen
la cruz de horquillas.
con el pulgar se acaricia
la oreja tierna.
Cierra los ojos verdes.
Su mano, esa mano de nácar/ámbar,
se cierra en un puño triste,
capitel de columna endeble
sobre el que reposa
su cabeza,
el peso.

Manuscrito original.

Historia: no conocía a la joven que se sentaba delante, ni intenté hablar con ella. Escribir esas notas sólo tuvo sentido para mí. Tardé en darme cuenta de que el ideal estético de los ojos verdes no me ayudaba.

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Calmarse
Perdices junto al faro de Altea.

Querer tirar la vida por la borda
y quedarse dormido todo el día;
planear los detalles de la huida
y anegarse en el llanto que desborda.

Moverse ciego en la locura sorda
y sucumbir en la verdad vacía;
dar la razón a la razón tardía
y huir de nuevo a su insaciable horda.

Arrastrar un presente sin futuro,
volar en un futuro sin presente,
y del pasado estéril olvidarse.

Saciarse en un amor tardo y maduro,
aprender y olvidar constantemente,
la pérdida aceptar, y al fin calmarse.



Historia: no tengo muy claro por qué escribí esto. O tal vez no quiero acordarme. He cambiado el título y algún verso varias veces.

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Buitrago de Lozoya.
Primavera

Ha llegado, sin ti, la primavera.
Hacen sonar el pico las cigüeñas.
En su torre de amor son reinas, dueñas
de la mañana clara y placentera.

No estás y brilla el sol en cada acera
de tu pueblo hoy carente de tus señas,
y mi seno no sueltan aguileñas
garras de oscura soledad y espera.

Entre cantos de aves me remuerdo,
y sus cándidas voces no consuelan
la amarga realidad en que te pierdo.

¡Mira, amor mío, que cantan y vuelan
para curarnos de ese mal recuerdo
y son el canto de almas que se anhelan!



Historia: otra mujer que se fue, que no quiero nombrar aquí.

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Trabajar


En el tanque central de un A340 (2010).
Trabajar es hallarse muerto en vida,
contemplar alejarse la esperanza
mientras se acerca el plomo a la balanza
que al fin dará la guerra por perdida.

Trabajar es callarse el alma herida,
ver las naves perderse en lontananza
sepultar en granito la añoranza
y ofrecer a parásitos mi vida.

Camino hacia la muerte de mis sueños
en este mar deshecho con dinero
pero mejor que otros hechos con sangre.

Someteos conmigo a nuestros dueños;
más vale sonreírle al carcelero
que morir ayer, con orgullo y hambre.


Publicado en Ferrán, nº 33, 2013.


Historia: aunque se publicó en la mencionada revista en 2013, ese poema llevaba muchos años escrito. Tal vez de 2008. Estaba con mi novia polaca y me estaban afectando algunas actitudes de los jefes de mi trabajo. Durante un concierto de gospel al que nos habían invitado, que no me interesaba mucho, empecé a escribirlo.

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Fortaleza

Quiero atacar yo solo tus almenas
si en defender te muestras implacable,
si respondes con ira incontrolable
mis flechas con las tuyas que envenenas,

si teas en llamas con agua frenas,
si corta tu señor con diestro sable
los garfios de mi asalto infatigable
y menos son los golpes que las penas.

Porque si de riquezas abundancia
guardas, será la muerte placentera
si la vida me juego en alcanzarla.

Pero si escasa fueras en ganancia
será tu propia roca la que muera,
que el olvido tendrá por arruinarla.

Publicado en Ferrán, nº 33, 2013.

Castillo de Coca (Segovia).

Historia: me parece que este poema se hizo con un doble propósito: seducir a alguna mujer literata y mostrar a mi profesor de Filología Hispánica, Juan Victorio, mi gusto por el tópico del "castillo de amor" de la Edad Media.

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Te has ido (I)

Te has ido. Me has dejado la distancia,
otra vez, para oír mi propia voz
en mis oídos, y tocar mi piel
con mi propia piel, conocida y lacia.

Te has ido y se voló tu alada estancia,
dejándome en la cama un corazón,
cabellos, ecos de tu desnudez
y el lecho de aquel río de tu gracia.

Se ha quebrado de nuevo mi altivez,
retomo amargos libros de baúles,
mas oigo tu voz, de honor y de constancia.

Vuelves a estar lejos, pero esta vez
hay un puente de mástiles azules
que cruza el negro ponto de nostalgia.



Historia: Al principio, mi novia polaca y yo manteníamos una relación a distancia (no se la recomiendo a nadie -la novia, no, digo la relación a distancia). Lo peor fue cuando se fue de Erasmus a Grecia, a un pueblo llamado Preveza. Mis vuelos de avión para visitarla llegaban a Atenas de noche, momento en el que cogía un autobús hacia su pueblo de residencia. Los dos versos finales obedecen a una doble naturaleza simbólica: la imagen era real, vi ese puente iluminado de azul sobre el negro mar nocturno.

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Te has ido (II)


Te has ido y esta vez sólo hay dolor
en tu ausencia infinita y cenicienta,
y aguanto entre mis ruinas la tormenta
que sofoca las ascuas de tu amor.

Habito entre las ruinas y el temor
en este altar de muerte más que lenta,
y soporta de ti mi alma sedienta
cruda sed que fue a Tántalo menor.

Desmoronado está nuestro castillo,
quemados tálamos, tronos, tapices,
y hecha jirones tu bandera amada.

Ruina y más ruina y mi único y sencillo
crepúsculo sin más tiempos felices,
porque ya de tu amor no queda nada.

Publicado en Ferrán, nº 33, 2013.


Buitrago de Lozoya (Madrid).

Historia: Cuando me dejó la novia susodicha y me hice a la idea. También estaba escrito de algún año antes (pero no antes de que me dejara, obviamente).

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Tan solo estoy…

Tan solo estoy, que ando sin pensamientos.
Hasta lo más sagrado me abandona,
el único valor de mi persona:
mi alma que ya ni grita sus lamentos.

Escribir y pensar, vanos intentos;
recordar lo reciente no perdona,
y susurran sin respuesta a una leona
los álamos mecidos por los vientos.

Qué lejos se quedó aquella ribera
donde las aguas eran cristalinas
y frías bajo el sol de primavera.

Hoy el seco verano desespera
sin álamos ni fuentes, sino encinas
para que a su negra sombra yo muera.


Vieja encina en las inmediaciones del monasterio de Bonaval (Guadalajara).


Historia: Creo que estaba soltero, por aquel entonces. También quise satisfacer a mi profesor Juan Victorio con el uso de la naturaleza como símbolo (ribera, álamos, fuentes...). Lo recité muchas veces en mi etapa en el taller literario "Periculum", en el CSA Tabacalera (Madrid), durante los años que duró aquello.

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¿Cómo ser viejo y joven a la vez?

Esta imagen respondería al título del poema (Gran Canaria, 2007).
¿Cómo ser viejo y joven a la vez?
¿Cómo arrastrar la vida sedentaria
ya sea en compañía rutinaria
o bien en solitaria y terca sed?

No puedo anticiparme a la vejez
asumiendo la celda presidiaria
de un amor ceniciento y la precaria
costumbre de culpar a la pared.

No puedo regresar al ataúd
de la juventud ruin y sin remedio,
donde, de tanto buscar, no hallé nada.

Como el toro embisto con la testuz
contra desasosiego, culpa y tedio,
en la lucha que nunca fue ganada.



Historia: también de la época del taller literario.

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Las dos plumas (2008?)

Ésta es la pluma azul.
Ésta es la pluma negra.
De mi puño y letra,
ambas transmiten lo mismo.
Son como dos voces
que expresan los mismos pensamientos.
Cada cual a su manera,
sólo cambia el color,
igual que el timbre de voz
o las palabras que se emplean.
Podría, además, escribir
a lápiz,
a pincel,
a máquina,
en papel,
en bronce,
en barro,
o empleando otros idiomas,
lenguas vivas o muertas
para decir lo mismo.
Mi mente sólo es negra
y la vuestra puede que sólo sea azul.
Gracias a eso
podemos creer que la verdad es sólo una,
sólo tenemos que mirar más allá
y traspasar todos los colores.

Historia: nada digno de mención. Sólo fue un experimento.

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Canción medieval

Haciendo de caballero medieval (aproximadamente).
Me has dejado sometido
a mi amarga soledad
y como estoy malherido
me muero y no muero en paz.

De mi cárcel oxidada
alto has mirado volar
halconcillos de fachada
hasta querer escapar.

Menos garza recatada
que perdiz primaveral
eres ya y no pierdo nada
por no hacerme ningún mal.

Y en mi soledad decido
pena y muerte a voluntad
porque estoy tan malherido
que muero y no muero en paz.


Réplica a canción de Adriana

La dama que no se fía
debe olvidar su temor,
pues gran gozo perdería
por no escuchar al amor.

Haced caso al Arcipreste,
que bien el tiempo lo prueba:
busca toda bestia agreste
la compaña siempre nueva.

Caballero o escudero,
moro, judío o cristiano,
todo aquél es placentero
sin pedirle a usted la mano.

Si no, pregunte a su hermana
lo bien que se lo pasó,
pues gran gozo perdería
por no escuchar al amor.




Historia: estas dos canciones medievales tienen su origen en una actividad de dicho taller literario en la Tabacalera. La segunda fue musicalizada por mis amigos guitarristas Alejandro Arias y David Chaín.

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Pena

¿Cómo te va a gustar que por ti llore
cuando por ti quieres que mate o muera,
y qué importan los besos que te diera
si de ti es inútil que me enamore?

¿Qué más da que tu alma en mi alma more,
tan inhóspita como si te viera
enjaulada, cual indómita fiera,
donde tu bella gracia nunca aflore?

De sobra sé que no vas a quererme,
mas si apreciaras algo mi locura,
siente amor o amistad, pero no pena.

Por pena no me quiero ni yo al verme,
y al verte a ti me hiero con la dura
aguja fatal de la mirada ajena.

Historia: Un breve arrebato fogoso por alguien a quien prefiero no aludir. Aproveché para escribirle ese poema, que no sirvió de nada.

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Tinte naranja

Pensé que no te volvería a ver,
que tu cabello vivo y luminoso
de advertencia, llamas, o ámbar sedoso
a mis ojos no habría de volver.

Petirrojo reencarnado en mujer,
tu recuerdo es euforia y es reposo,
mi alma me has hecho ascuas, y fogoso
mi cuerpo que no puedo contener.

No temas, que más disfruto penando
que malviviendo frío y apagado
aunque Amor no dé tregua un solo día.

Tampoco me reproches, que olvidando
se arregla todo, y puedo hacer a un lado
el dolor y, quizá, me confundía.

Historia: En una especie de feria de revistas literarias caseras, me fijé en una muchacha con el pelo de ese color, cierta gracia y cuerpo apoteósico. Pero era muy niñata. Le envié el soneto por correo y no respondió.

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Riqueza

Nadie ha habido más rico en este mundo
que yo ahora, contigo, rescatado
de mi mundo infeliz, ya desvelado
como un vil vaso de agua en que me hundo.

Si no es por tu áureo amor en que refundo
mi existencia de acero desgastado,
al vicio del dolor, acomodado,
aún recaigo en su abrazo tremebundo.

Contigo es todo nuevo y diferente;
nunca supe que púrpura y armiño
me envolvieran real y dulcemente.

Y es real tu mirada enamorada,
y es todo cuanto quiero tu cariño...
Soy rico porque no me falta nada.

Publicado en Ferrán, nº 33, 2013.

Esta foto tampoco tiene mucho que ver con el poema. Perdí el palo, y perdí al amigo que llevaba esa mochila. Pero mientras tanto, al igual que con la mujer del poema, hubo muchos momentos de "riqueza".

Historia: La mujer que vino después de la polaca, de cuyo nombre no quiero acordarme, también me indujo a escribir. De este poema sólo valen los tercetos, pero me costó horrores esa rima en -undo.

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Amor y miedo

Es un amor de miedo lo que tengo.
Un amor como una espada, que en cualquier
momento me degüella, y, al temer,
me devuelvo al lugar de donde vengo.

Mi miedo pesa como un tronco luengo
que cargo a mis espaldas por doquier,
y no me deja erguirme, y el deber,
y no el momento, es cuanto sostengo.

Ámame y te amaré con libertad;
me sentiré capaz cuando confíes,
cuando veas detrás de mi persona.

Ámame y olvidemos la verdad
triste de que no hay oro ni rubíes
y del amor es ardua la corona.


Historia: A nadie le gustó este soneto, porque chirría ese imperativo del verbo amar, sentimiento que nunca puede exigirse. También fue por la mujer del poema anterior.

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La garza

La garza que mi halcón sobrevolaba
quiso bañarse en verano.
Quiso bañarse la garza,
quiso bañarse.

Quiso la garza ir al mar
y bañarse en mediodía.
Quiso bañarse la garza,
quiso bañarse.

Donde mi halcón no podía llegar
y el águila dominaba.
Quiso bañarse la garza,
quiso bañarse.

Quiso la garza dejarse matar
por el águila pescadora.
Quiso matarse la garza,
quiso matarse.

Publicado en Ferrán, nº 33, 2013.

Historia: también a la susodicha, que me hizo tener algunos celos mientras estaba de viaje por EEUU.

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Arribes del Duero (2014)

Tranquila el agua fluye
en la Playa del Rostro.

Lento fluir de las aguas
en los Arribes del Duero.

Tibia mañana de marzo
sin una nube en el cielo.

Discurren las mansas aguas
pesarosas y profundas,
profundas como un abismo
y no se oye ni un alma.
Avanzan las aguas mansas
lentamente hacia el Salto.
El viento cambia de rumbo
ligeras ondas rizadas.

Toda esa agua y su lento
fluir sabio de pena,
no clara, mas verde oscura,
no joven, mas profunda,
anega todo un valle de silencio.

Y las únicas voces son las aves.

Sólo las aves chillan,
inocentes avecillas del cielo,
mientras que espléndidos buitres
discurren en trágico silencio,
viejos y callados,
como verdades tristes.

7 de marzo de 2014.

Playa del Rostro, en los Arribes del Duero (Salamanca).

Historia: momento de contemplación del río con Sergio Sánchez Holgado, amigo y compañero.


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Breve descripción del cielo


Porque cuando el cielo es más bonito
es con las luces de la tarde.

La espléndida flota real de galeras
se enjaeza de plata y viste de contrastes.
Brillan los bordes de las velas blancas,
y es tan alta y tan divina su incorpórea esencia
que se vuelven de oro.

Porque es por la tarde ya tranquila
cuando vuelven a volar las golondrinas,
rápidas e ilusorias,
que nadie puede decir cuándo aparecen
ni cuando se fueron.

Ahora están ahí,
y hoy, como ayer,
han vuelto,
igual que sopla el viento fresco,
y la hierba está húmeda
y la tierra huele a tierra.

Lugar escogido para cenar en un pueblo del Camino de Santiago de Madrid. La foto viene al caso.



Historia: Estaba mirando un atardecer desde la ventana de la casa de la susodicha. Nadie se dio cuenta del simbolismo salvo Juan Victorio, mi maestro de lírica. Me daba cuenta de que había perdido la juventud, por eso "la tarde" (como Machado), pero aún me quedaban ilusiones (las aves: las golondrinas), que me hacían sentirme vivo.

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A una rosa

Una rosa madura y solitaria
quiso al calor abrirse.
De espléndidos pétalos rojo vivo,
en la magnificencia
de la naturalmente pasajera
plenitud de la vida.

Su terciopelo carnoso y turgente
rebosa su esplendor.
Ni mácula de mustia puede hallarse
y al ser tan delicada
nadie puede siquiera imaginar
cómo ha sido creada.

De su centro sensible y más secreto
brota un aroma dulce:
esencia de mujer, ansiado cáliz
para marchitos labios,
profunda inhalación de rojo ensueño
cada vez que la aspiro.

Y esta ahora radiante flor se ha abierto,
única en mi jardín,
en toda su granada pasión viva,
en todo su apogeo,
toda para mis ojos, dedos, labios...
por estar a su lado.

17 de abril de 2014

Historia: Fue un poema forzado para la susodicha. Habíamos lanzado entre los dos otra pequeña revista artesanal, como la anterior del taller literario, pero sólo de nosotros dos. Así nos comprometíamos a escribir.

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A Ana Suárez (Plasencia, 2014)

Imploro tu perdón al confesarte,
desde mi baja pluma, que tu altura
de pensamiento es tal que ya madura
tu fruto de saber en obra de arte.

Como artista has logrado a ti pintarte,
labrarte con tesón en piedra dura,
para desde mi torpe mente oscura
tu eterna luz gozar al contemplarte.

Y humana al tiempo eres, dulce Ana,
y es de tanta dulzura tu sonrisa,
y cálida y cercana tu mirada,

que ya no sé si amarte como humana
o si ofrecer al mundo mi sumisa
sombra que con tu luz siento dorada.

Calle de Plasencia.



Historia: Ana Suárez fue una excelente profesora de literatura de la UNED, a quien siempre he debido mi agradecimiento. Durante unas conferencias en la ciudad extremeña de Plasencia, haciendo uso de la tradición renacentista, conseguí componer para ella este soneto, que afortunadamente le gustó.

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A María (26/09/2014, modificaciones en 2016)

Déjame un momento amarte, no de cuerpo.
Aunque el tuyo es de cereza tierna y frágil,
con tus ojos de avecilla en mayo ameno
y tu talle como mariposa grácil.

Un rayo que no cesa te hace áurea.
Como de Apolo y Pigmalión al revés,
viva eres de mármol y arbórea:
blanca es tu leña y de hojas el envés.

Estás mucho más alta que los hombres,
porque más lejos llegan tus raíces.
El cielo tocas ya con nuevos brotes,
tiernos como las lunas que acaricies.

Verde y blanco se agitan con el viento,
verde y blanco reflejan luz de luna,
blancos astros en tierra y firmamento,
sapiencia de tu mundo que madura.

Y eres árbol mayor en nuestra Argos,
en busca de una Cólquide lejana.
Empuje de unos pocos que remamos
y aliento de esperanza para el alma.

Historia: A esta mujer tampoco la pretendía, sino que también quería agradecerle favores. El poema no acaba de convencerme.

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A Clara (2014)

Parece que tuvieras que quedarte
en este mundo llano y de pobreza,
de fútil, de engañosa realeza
con áncoras pendientes para atarte.

A ellos agradezco contemplarte,
y no sé de otros, yo sé cuánta belleza
otorgas con tu rostro y tu pureza
que tu cielo a mi tierra ha dado parte.

Y el mar está bullendo en tu cabello,
y tus ojos agitan vida y alma
en su regia expansión de umbríos sables.

Y con el grácil cisne de tu cuello
y tus lejanos labios, no habrá calma
en mis sueños contigo inalcanzables.


Lugar de realización de los cursos de verano de la UNED en Ávila. Recomendable.


Historia: esta fabulosa mujer se sentaba a mi lado (o mejor dicho, yo al suyo) en una conferencia de la UNED sobre géneros literarios en Ávila. Tenía unos pendientes muy grandes que me hicieron pensar en anclas. Miento si digo que lo escribí en el momento: tomé unas notas y trabajé por la noche en el hostal, y se lo di al día siguiente. Me lo agradeció, pero creo que el soneto no superó sus expectativas.

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A una joven

Como una luna llena que no espera
brillas blanca en el cielo de mi tarde.
Oscuras galerías son tus ojos
vivos y alegres, cuando me has mirado,
mirándotelos yo, desvergonzado.

Callados tus labios de aurora rosa
susurran lo que grita mi alma sola.
Quisiera darte todo cuanto habita
en ella, esta tarde tuya, vida
que das vida, juventud
ante la que sólo quiero
expresar mi gratitud.

Hoy añado tu mirada
al jardín de mi memoria.


Historia: Durante un día de exámenes de Filología Hispánica, al tener uno por la mañana y otro por la tarde, me metí a estudiar después de comer en un aula de estudio de un centro cultural cercano. Unas mesas delante de la mía había una jovencita con cuya mirada me encontré una o dos veces. Cuando tenía que irme, sin decir nada, dejé en su mesa el papel con el poema improvisado, sin ninguna seña que me pudiera identificar.

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Viento (24/09/2014)

“Para dominar la naturaleza primero se ha de aprender a obedecerla”, El nombre de la rosa (película).

No, no suena a través de una rendija.
Crece una sonora marea inmensa
de la nada al todo.
Cada hoja gualdrapea furiosa empujada
por la fuerza,
pero no hay cientos sino miles,
y de cada rama flexible que se agita
otra más fuerte la sostiene,
y a ésta otra... y hasta
el mismo tronco que soporta todo
ese mundo, su mundo,
vibra.

No es el viento lo que suena,
sino las hojas de los árboles.

En el juego he caído
en la casilla de la Muerte.
Se va revelando el mundo
a mis sentidos.
Los pies, de la cama
al suelo frío.
Y he salido a la terraza.
Altos chopos blancos
más altos que los hombres
anegan los oídos
de infinitud en su sonido.

Y no es el viento lo que suena,
sino las hojas de los árboles.

Porque a las cuerdas orquestales son las manos
lo que el infinito a la vida.
Y no son las cuerdas vocales lo que habla,
sino el aire que se mueve.
Ver lo eterno es muerte y transformarse
en alto chopo blanco.
No, no se entenderá el Lenguaje
si no se piensa

que no es el viento lo que suena,
sino las hojas de los árboles.

Historia: Estaba en el Camino de Santiago, en Villafranca del Bierzo, asomado al balcón del albergue. Creo que no eran chopos, sino álamos, los que admirablemente se mecían con el viento. El sonido de las hojas de tan enormes árboles lo llenaba todo.

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Ponferrada (2014)

Un desconocido más en el Camino;
eso soy en este junio nublado,
atado a un pasado informe
y un vaporoso mundo extraño.

No vierto limpiadoras aguas del olvido
pero a pocos palmos enterrado
brota el recuerdo, encharcado
del camino que piso,
y mi destructora huella
es barro que mancha y que me mancha,
que llevo conmigo y dejo
reseco en otros suelos nómadas.

Roto
como algo antiguo y mecánico
que ya nunca más va a funcionar,
que pasa de mano en mano
o de cajón en cajón,

dejo de ser sueño y soy vida,
automáticamente rota,
despilfarradamente hermosa
hasta lo despreciable.

Camino sin rumbo, menos que nadie,
porque sigo por inercia esta hendidura,
como las aguas buscan el camino más fácil.
(Así también en el Tántalo
sigue rodando Ixión mi hermano.)
El tiempo se ha roto
y yazgo en un bucle infinito:
si no comprendo el lenguaje, lo aprendo.
Si no puedo aprenderlo, lo salto, pero
si no entiendo,
no veo,
y no sueño,
y  nadie arregla su roto mecanismo,
y ando sin rumbo por el barro,
y busco el lenguaje,
busco los signos,
y busco, y busco, y busco.

Albergue de Ponferrada. Excelente sitio para empezar el Camino, dejando ahí el coche y recogiéndolo a la vuelta.


Historia: En el Camino de Santiago, en el albergue de Ponferrada.

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El niño (8 de septiembre de 2014)

Hoy,
en la Edad de Plástico y los medio hombres,
en el caótico reguero humano de la urbe,
en un vagón de metro,
dirección Muerte, parada Sufrimiento:
un niño.
No se agarra a su padre, demasiado alto,
sino que noblemente aferra una barra como él,
para soportar vaivenes en pie hacia un destino.
Lleva una espada de madera.
No la esgrime, la ciñe,
como un caballero, al cinto.
Me mira boquiabierto y pensativo:
no ve si es pena o esperanza.

Sólo yo veo a aquel niño. Y un ciclo
de vida y muerte.

Crispan sus manos la materia
con el arrojo de los hombres
que en otros trenes se aferraron a sus rifles
o a una mujer enamorada a quien nunca
nadie supo amar.

Miran sus ojos entre calmos y asustados
cuanto hay de maravilla y amenaza en todo,
en su garganta el corazón palpita
suicidas ilusiones.

Todo el mundo cabe
en ese niño, semilla
que encierra todo nuestro aliento
de supremos esfuerzos vanos,
toda nuestra sangre de batallas perdidas,
toda la impotencia que marcaron
al rojo en nuestra carne.

Tú eres la leyenda
superior a todas las escritas.
Porque en silencio agarrado gritas
por tu suspensa mirada
todo cuanto cabe en la palabra
esperanza.

¡Caballero del honor, héroe prematuro,
quiero vivir y verte luchar,
verte vencer a los Titanes,
joven Dionisos,
verte vencer,
porque estás tú solo, nadie más,
sólo tú y tu espada...!
Y tu padre...
está tan alto que no existe.

Historia: el poema la explica por sí solo. Estaba en el metro y me fijé en un niño con una espada de madera.

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Ordenatu Quartet en El Plaza jazz club, 23 de enero de 2015. Notas tomadas al compás de la música y vapores del bourbon.

Verdad insólita, verdad ausente.
En El Plaza, pero el grupo de la foto es otro.
La gravedad es la verdad.
No hay más.
Tiempo. Todo el tiempo buscando
el no-tiempo.
Sólo está en el sueño. Pero
la vida no es sueño, porque
sueño es más muerte que vida.
Pero es no-tiempo.
Es el objetivo.
La vida no es sueño, pero ha de ser sueño.
Tiene que detenerse, pararse
en un instante infinito.
Para siempre.
Como la pintura,
como esta música hecha con el alma,
como un verso infinito,
imperturbable y clásico.

Tiene que haber un verso
entre todas las desgracias que se agitan en el polvo cada día.
Música en el ruido, pintura en el yermo campo
visual. Sueño
en vida. Todo
en nada.
Tiene que estar, tiene que ser.
Es muss sein!

El cielo de la noche son unas medias negras.
Se abre el telón bermejo de mi iracundo hastío.
Hay un hombre que toca un instrumento humano.
Y otros músicos hacen retumbar
mi pecho.
Doy gracias a la tenue luz dorada
de una vela, a la penumbra, al sueño, al whisky,
gracias,
gracias,
gracias,
porque a todos os debo este instante eterno.

El latón con la madera es una máscara,
como el rostro perfecto de una hembra
con botas negras, suavemente
siguiendo el compás.
No hay aquí palabras absurdas, no hay ni palabras.
Pueden cerrase los ojos. Podrá cerrarlos la postrera
sombra,
aunque en el fondo todo sea falso,
porque es efímero, porque es caro,
porque no soy libre.
Menos mal que hay que morir, que al menos
habrá uno, al menos un instante
que será eterno.

Ave, Caesar, morituri te salutant.
Don Quijote y Sancho bien que lo sabían,
y aun así hicieron lo que hicieron.
¿Es que no se dan cuenta los ingenuos
que se creen ir marchando plenamente
por la vida feliz y simplemente
imitando el compás con la cabeza?
Si no sabes hacerlo no puedes disfrutarlo.
O sólo a medias. (Negras.)
Ni yo entiendo la hermosura,
porque no soy hermoso. No tengo
una sonrisa de joven
promesa a la trompeta.
No puedo acceder a la belleza sin belleza.
Me quedo a las puertas, a la espera, a la espera eterna,
en este ajeno purgatorio…
Podrían dejarme aprender
a tocar el piano o la trompeta.
Y llegar a la cumbre de lo humano.
Pero es tan difícil como escribir
un verso una mañana de trabajo.
De trabajo. De sueño sordo y mudo.
Pero sé que alguien me ha dicho
que la eternidad existe.
Sancho y Don Quijote bien que lo sabían,
y aun así hicieron lo que hicieron.
Sólo espero que esa Pálida venga
antes de que se canse mi montura,
antes que venga el de la Blanca Luna,
antes que Rocinante se tropiece.

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Besar tu boca. 27 de enero de 2016

Cuando beso tu boca
no beso solamente
el contacto íntimo y prohibido,
el imán de tu belleza
afrodisíaca.

La ilesa, eterna diosa,
la que ama las sonrisas,
fulgura en todas las miradas
empujando cuerpos,
dulce y poderosa.

Pero a través de tu boca se llega,
además,
al tesoro de tu pensamiento.

Tus más radicados, propios,
elaborados argumentos,
el mundo que percibes,
cristalizado en tu
belleza,
el oro candente
de tus reflexiones,
caliente con tus labios fluye,
enriquece el mundo,
el nuestro, de los vivos,
el único y más real,
hecho más real y luminoso
con el verbo de tu boca.

Ahí, en tus labios, tu saliva,
yace el saber más profundo.

Con desesperación lo busco,
me pierdo en él,
achaco sus axiomas,
aprendo sus teorías,
defiendo sus posturas
en mi Facultad de Sinrazón
como fiel discípulo.

Así concluyo
que tus besos son únicos,
forjados por donde tu psique emana,
abrazada a Eros.

Porque es tu aliento
esencia de saber pura,
alma hecha para mi alma.


Historia: Este poema procede de una relación amorosa más, la más reciente.

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Elasticidad (2017)

Quién me iba a decir
que no hay por qué mentir,
que hay otra realidad
más nuestra y de verdad.

No hay nada que perder
y hay mucho que ganar,
sin dejarte de mover,
sin quererte callar.

No hay edad, no hay cristal,
ni dios, ni nacionalidad,
ni capas, ni barreras
de piel artificial.

Y esa elasticidad
de tu cuerpo y tu razón:
no se priva de abarcar
a todos tu corazón.

Dices que esto es platónico
pero lo veo casi erótico.
Amarse sin tocarse,
verse sin desnudarse.

Ver la verdadera tú,
hablar como besarse,
ser infinitamente yo
y no tocarse.

Historia: este poema intenta ser una letra de canción, pero parece que se va a quedar así.

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Poemas sobre fotos (2015-2016)


Los siguientes poemas surgieron de la idea de mi viejo colega Alejandro Arias, que quiso que escribiera textos sobre algunas de sus fotografías. No acabó de convenverme mi tono demasiado místico. Pero las fotos son buenas.
Lo que llegamos a hacer está en Tumblr: "The Eye & The Wordsmith", aunque algunos textos necesitan revisión, y aquí se han suprimido los menos logrados.
Más fotos de A. Arias en https://www.instagram.com/pilagrimur/ 


Foto: Alejandro Arias.


Lluvia sobre lago. 12 de octubre de 2015

Mírame bien, humano.
Soy un espejo.
¿Ahora? No, no doy
reflejo alguno.
Porque todo está en movimiento.
Fluye el agua:
como ella, la misma
substancia
hace ver o nubla
todo pensamiento.

Humano, mírame hoy
cuando no te reflejo,
ni arrojo prístinos destellos
de la eterna luz.
¿Y acaso no hay belleza
aquí y ahora en mi agua gris?
¿Y en la mandatoria pureza
del otoño para sí?

Humano, mírate hoy
confuso,
invidente.
Es la misma cosa que te riega
la que quieta te hace ver.
Llénate y dilúviate,
golpéate en tu transparente
superficie que une
tu mundo y el mío.

Respira, mira, únete
a la lluvia y mi opaca
mirada que nada, en este momento,
sabe.
Y no pienses, humano,
en claro de sol
ni en que la lluvia,
ni ahora ni nunca,
acabe.

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Foto: Alejandro Arias.


Hoja seca sobre tronco caído. 19 de octubre de 2015

Somos materia,
caduca.

Nuestra parte que recogía luz
ya es parda y quebradiza.
La otra parte tosca y robusta,
estructura o atalaya material,
es casi ajena podredumbre.

Mater, donde empezó todo,
¿qué ha sido de ti?
Principio generador, fuerza,
esperanza infinita, vigor,
única y final
promesa de amor,
de recia permanencia,
¿qué ha sido de ti?

Tenue llanto horizontal,
te escucho al mirarte,
otoño,
bello atrium del final.

Adiós, materia gris,
queda tu esencia húmeda y nostálgica.
Sigue acabándote mientras
me acabo yo.

Qué agrado sentir
a la vez que saber,
porque para renacer
primero hay que morir.


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Foto: Alejandro Arias. Boston, 2015.


Admiración de niño ante gran pompa de jabón (noviembre de 2015)

Ser hombre es haber sido niño
y recordarlo.
Era entonces todo inmenso,
fantástico,
misterioso,
emociones puras, sorprendentes,
por ser sus almas inocentes.

No toda infancia es feliz
(algunos lo sabemos)
pero en toda infancia hay inocencia,
razón
indispensable
para el armazón
del fin humano irrenunciable:
la admiración.

La admiración es mi bandera.
¿Acaso no desborda de emoción
una pompa de jabón?
La admiración es la bandera
del estudio del artista,
y no hay más que darse cuenta
de que la inocencia
es el principio y final de la consciencia,
que cada pequeña cosa
puede verse como nunca vista.
Porque ser hombre es ser,
haber sido y
ser
niño
y recordarlo.

Yo amo los mundos sutiles,
inválidos y gentiles
como pompas de jabón.
A. Machado

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Foto: Alejandro Arias. Boston, 2015.


Boston Public Garden, 23 de noviembre de 2015

Ma fleur est éphémère, se dit le petit prince, et elle n’a que quatre épines pour se défendre contre le monde! Et je l’ai laissée toute seule chez moi!
Antoine de Saint-Exupéry, Le petit prince.


¡Qué exuberancia física!
Toda la creación temporal,
el infinito material
confinado en su química.

Casas de seres
erigidas casi igual.
Una sola diezmilésima
diferente en la fórmula
es fuente de colores.

La misma argéntea luz
dibuja y colorea
un casco urbano,
superficial y anarcisado,
venal y americano.

Oscila la realidad toda
en reflejos irisados.

Torre, árbol, hombre,
devenir probando,
estar siendo,
en un paraíso de burbuja
confinados.

Omnia vanitas,
en un golpe de ojo
desaparece la membrana
y el vacío vuelve a ser vacío.


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Foto: Alejandro Arias. Boston, 2015.


Boston Library, busto de Joshua Bates en la sala que lleva su nombre.

Ven aquí.
Soy tú de piedra,
eterno,
por tus palabras y acciones.

Pero como todo cuanto es real,
no existo,
sino como señalado y blanco
potencial,
como la tuya y mía
fuerza
vital.

Miro al infinito sin ser
nada y sin ver nada,
como humano, como materia,
para acercarme lenta, eternamente,
bajo mi apantallada lámpara de estudio,
como mis réplicas de carne,
como mi mirada hueca,
a la Teoría.

Ven aquí, acércate
sin olvidar, estudiante,
que tu energía y mi piedra
moran sólo en el silencio,
como en una biblioteca.

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Foto: Alejandro Arias. Boston, 2016.


Boston Library, arco sobre columnas. 1 de febrero de 2016

Ahí está:
la más sólida obra.

No el muro cerrado
que no deja ver detrás,
sino el hueco o el vacío
de toda construcción.

No la tierra,
no el espíritu,
no la sangre que la riega,
sino el ser,
el “ser uniendo”,
el puente que al Todo convierte en Uno
en aérea perfección.

¿No lo ves?
Dos ascienden,
dos se esfuerzan ingeniando
siempre hacia lo alto,
ejes contrarios, polos
opuestos sustentando
solos
sin saber qué hacen solos,
masculino y femenino,
alma y materia,
luz y tinieblas,
Eros y Psique,
y cuánto lo estarían de no ser
por el arco que los une.

¿Lo ves ahora?
Es el arco lo más bello
y lo más duro.
La clave que nos da el cielo
para entender y soportar lo hueco,
el Sol, los astros errantes
en su eterno movimiento.

Esta biblioteca sigue las normas.

(Sé que estás ahí,
alma dormida.)


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Microrrelatos (2016)

Sin ser un género de mi devoción, he intentado componer algo en algunas ocasiones. Lo añado aquí por su brevedad, aunque tenga nada más que ver con la poesía. 


Microrrelato I – La juventud ilusa

Cuando consiguió besar a aquella chica el joven estudioso fue el hombre más feliz del mundo. La boca que le besaba le regocijaba el corazón, el cuerpo atlético y sinuoso incitaba a la concupiscencia.
El estudiante le habló entonces de posibles planes para el día siguiente. Ella anunció que tenía que ir al baño y le convino que la esperase. Sin embargo, la espera se hizo larga y empezó a preocuparse. Tras buscarla un rato entre la gente, la vio bailando con otro joven, momento en que ella también reparó en él y se apresuró a besar al nuevo igual, o más apasionadamente, que a nuestro estudiante, quien sintió tragársele la tierra.
Al día siguiente, se preguntaba dolido si habría sido mejor no haberla besado. La respuesta era: daba igual. Lo importante era terminar la juventud cuanto antes.



Microrrelato II – El primer beso

-Qué tendrá el primer beso. Siempre imprevisible, imposible de calcular, súbito encuentro entre dos almas. La ternura máxima en unos labios y el puente tendido a lo más íntimo, mucho más que la pudorosa desnudez, porque esa tibia humedad, tan privada y tan delicada, lo es todo: amor y concupiscencia.
»Cada vez que se para así el mundo, cada vez que vivo esa sensación y al instante se esfuma del presente al pasado, no puedo gobernar el ansia de revivirla.
»He abandonado amores verdaderos, he gozado una mujer tras otra, sin volver a encontrarla. Ojalá pudiera volver atrás y nunca haber empezado esto.
-Qué sentimental estás hoy, don Juan –dijo don Luis Mejía.
-Que te jodan.



Imagen de la película Don Juan (1950) en imdb.com.



Microrrelato III – El último beso

El primer beso no volverá jamás. Cada amor que hemos tenido nos ha dado uno. Sin embargo, cuando el beso es el último y lo sabemos, a veces sabe extraño, incluso habiendo tenido la más intensa historia de amor.
Mi amante se marchaba con quien había elegido. Era impensable seguirla o esperar volver a verla. En aquel instante sus labios no sabían a nada.
Cuando vemos sus fotos con otro hombre, pierden todo el sentido tanto el primer beso como el último. Es entonces cuando levamos anclas e izamos velas.
Me quedaba sin el lastre del recuerdo.
-¿Adónde vamos, Capitán?
 -Hacia el horizonte –dijo Jack Sparrow.



Microrrelato IV – El beso lascivo

La muchacha tenía que volver a casa. Se había quedado más tiempo en aquel garito por el chico que le gustaba, pero el muy ingenuo no se había separado de sus colegas. “Otra vez será”, se decía ella, imaginando el deseado beso, que al final todo llegaba.
 Pero en ese momento estaba en apuros, con muy poco dinero, en una ciudad del extrarradio sin trenes ni autobuses nocturnos. Apareció entonces un coche cuyo conductor se ofreció a llevarla. Era un conocido de alguien, lo había visto en el pub.
 -Me viene mal, pero te llevaré si me das un beso –dijo el cretino.
 La muchacha entró en su casa a oscuras con cuidado de no despertar a su familia. Se lavó los dientes con desgana y se metió en la cama.
 Había perdido el interés por el chico que le gustaba. O quizá por todos.













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